Análisisjueves, 12 de febrero de 2026
El Primer Amor
Mario el Lobo / Tiktok: @mariofutboliza
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Si bien esta columna puede recibirla cualquier lector, la realidad es que solo un sector específico podrá entenderla. Sólo aquellos que tienen una conexión con cierto ente pueden llegar a saber la profundidad de la relación que está a punto de exponerse. Sin más preámbulo, aprovechemos la cercanía del día de San Valentín para hablar de nada más y nada menos, que del amor.
Si hablamos del primer amor siempre se nos viene a la mente alguna persona, tu primer beso, tu primera vez, tu primer matrimonio, el niño o niña que te gustaba en la primaria, etcétera. Sin embargo, hay un amor que, para ciertas personas, llega antes que todos ellos, y lo más importante es que, para los reales, no es algo pasajero, es un amor que llega temprano y decide quedarse para siempre. ¿Lo curioso? No es una persona, sino un equipo. Un equipo que te acompaña por el resto de tu vida, que te da alegrías, enojos y tristezas, un equipo que es parte de tu crianza y funge como un maestro de vida, que a diferencia del arte, este te enseña a ganar, a perder y a luchar de la manera más natural, con un cariño tan profundo que te penetra la piel y alcanza a ser una pieza de tu personalidad, un cariño tan profundo que se vuelve parte de ti.
Por supuesto nunca faltan aquellas personas ajenas al deporte que tachan de exagerado o de ridículo este sentimiento, y uno no puede más que sentir lástima por ellos porque ni siquiera saben qué es lo que no saben. La verdad es que los que no viven en el mundo deportivo nunca lo van a entender, y aquellos que si lo hacemos, ni siquiera lo queremos explicar.
Esta conexión es tan poderosa que siempre se puede explicar de la manera simple con la siguiente afirmación: Una persona puede cambiar de nombre, de cara, de casa, de pareja, de familia, de amigos, de ciudad, de sexo, de religión. Pero si hay algo que nunca jamás podrá cambiar, es su pasión. Tú que estás leyendo esto, estoy 100% seguro de que conoces más personas divorciadas que personas que cambiaron de equipo (y con un margen extraordinariamente grande de diferencia). Estamos hablando de una programación cerebral que es simplemente indestructible e imposible de resetear.
Así que la próxima vez que veas a una persona con un jersey de cualquier deporte, envídialo, porque ese ser humano ha desbloqueado una manera de disfrutar la vida de una forma tan placentera que aquellos que la desconocen ni siquiera se imaginan su magnitud. Todo esto se traduce al amor más importante de todos, aquel que es tu tiempo contigo: El amor… a uno mismo.