Hablemos de los corridos
Por Alex Batista
Desde la revolución hasta nuestros días, los corridos han sido una herramienta para narrar e interpretar la realidad.
La respuesta fácil sería sí. La respuesta correcta es no.
Pero sin duda, también es una forma de expresión de las juventudes marginadas que encuentran en estos ritmos una forma de validar su existencia en un país que los ha dejado atrás.
Sin embargo, también muestran algo que pocos quieren aceptar: el crimen organizado ya no solo opera en las sombras, sino que moldea la cultura popular.
No se trata solo de música: es un grito desesperado por reconocimiento en un país donde la justicia y la oportunidad son privilegios.
Prohibir esta música sería como apagar una alarma para no escuchar que hay fuego. Los corridos tumbados seguirán existiendo mientras existan las condiciones que los hacen posibles: pobreza, impunidad, falta de oportunidades y un estado ausente.
Criminalizar su consumo, además, trasladaría la responsabilidad del problema a quienes menos poder tienen.
Mr. X en su reportaje menciona que hoy, las plataformas digitales y las redes sociales han facilitado que este género llegue más lejos que nunca.
Porque, a pesar del paradigma, los corridos ya no son solo del rancho: son de la ciudad, del barrio, del estudiante, del trabajador, del joven que no ve salida.
En medio de esta gran falla sistemática gubernamental, los corridos tumbados se convierten en un archivo emocional del país. Son canciones que lloran, que envidian, que sueñan y que se rebelan.
Pero también son canciones que normalizan el horror. Y ahí esta el dilema: ¿Cómo conciliar la libertad cultural con la necesidad de no romantizar la violencia en nuestro país?
Mr. X bien nos dice que la respuesta está en construir alternativas, no en censurar. Más educación, más acceso a la cultura, más justicia, más equidad.
El día en que ser sicario deje de ser una salida aspiracional, ese día los corridos tumbados perderán fuerza. Pero para eso, el gobierno debe de dejar de ignorar la raíz del problema.
Porque en el fondo, los corridos no solo nos hablan de quienes somos, sino de todo lo que hemos dejado de ser. Y esa es, quizá, la más dolorosa de sus verdades.
@alexbatista0
