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Análisismiércoles, 4 de febrero de 2026

¿Voto obligatorio en México?

Por Alex Batista 

En vísperas de una reforma electoral que genera más sospechas que certezas, sobre todo por todos los antecedentes negativos que arrastra, aunque todavía no exista una propuesta escrita formal, sí hay indicios de hacía dónde podría ir. 

Y es justo ahí donde quiero detenerme en un tema que colocó Ricardo Monreal recientemente en la agenda pública: ¿El voto en México debería ser obligatorio?

Antes de ir más a fondo, hay que ir a la básico: ¿Qué debe de cambiar en nuestra democracia? En mi clase de Maestría de la semana pasada, la Dra. Patricia Cobos, nos compartió una lectura que nos pudiera acercar a una respuesta. 

Para Monica Duhem en su artículo “La importancia de definir un concepto de calidad de la democracia”, nos menciona que para poder tener una verdadera democracia en un país se necesitan tres cosas: 

Segundo, Legitimidad del Ejercicio. ¿Cuál es el nivel de satisfacción y de confianza de la gente en las instituciones políticas, partidistas y gubernamentales?

Por último, el Principio de Democracia Valorativa. Ya en el poder, ¿Cómo se gobierna? ¿Hay libertades? ¿Estado de Derecho? ¿Rendición de cuentas? ¿Igualdad política? 

Por ello, considero que en nuestro sistema deben de cambiar muchas cosas. Pero principalmente, debe de haber cuatro puntos fundamentales en la reforma: 

1. Árbitros fuertes. 

2. Mejor representación de la gente. 

3. Fiscalización y candados para castigar el dinero ilegal en las campañas 

4. Aumento en la participación ciudadana. 

Para este artículo, me enfocaré en el último punto.  

En México, cerca del 40% de la ciudadanía no votó en las elecciones del 2024. 

Por eso, la discusión sobre el voto obligatorio no debería descartarse de entrada. Como bien ha señalado Luis Carlos Ugalde, esto pudiera tener varias virtudes.

En contraste, cuando solo vota el 40% o 45% del electorado, quienes compran votos sí pueden mover las aguas a favor o en contra de un candidato. 

Estas medidas han demostrado ser eficaces para incentivar la participación sin recurrir a mecanismos autoritarios. Incluso van de acuerdo con nuestras obligaciones establecidas en el art. 34 de nuestra Constitución. 

Además, el voto obligatorio podría servir para justificar un gasto público tan alto en procesos electorales. Porque es cierto, nuestro país tiene uno de los sistemas electorales más caros del mundo. 

Según datos del Gobierno de México, organizar una elección cuesta cerca de 25 dólares por persona, una cifra elevada incluso si se compara con países como Brasil o Estados Unidos, que nos triplican en población.

Tan solo en 2024, el presupuesto destinado a la organización electoral fue de aproximadamente de más 23 mil millones de pesos. Una cifra casi equivalente al presupuesto anual de estados como Colima. 

Ahora bien, el voto obligatorio no debería entenderse como una medida permanente. Más bien, podría concebirse como una herramienta temporal, cercana a una acción afirmativa. 

No es el mismo concepto, pero la lógica es similar: aplicar una medida excepcional para corregir una falla estructural del sistema, a fin de fortalecer realmente la educación cívica y democrática. 

Porque obviamente no basta con obligar a votar; es indispensable formar ciudadanía, generar conciencia y reconstruir el vínculo entre las personas y sus representantes, para que se asuma estos procesos como un ejercicio propio y natural.

Al final de cuentas, la forma es fondo. Pero admito que el propósito de esta propuesta en particular es positiva: combatir vicios históricos, reducir la compra del voto y fortalecer la democracia en un país donde la abstención ya no puede seguir siendo la norma.

@alexbatista0

Las opiniones vertidas en este artículo son responsabilidad de quien las emite y no de esta casa editorial. Aquí se respeta la libertad de expresión

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