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Análisislunes, 3 de noviembre de 2025

La Luciérnaga

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Posando ante senectos de La Mancha me presentaron a Macrina Krauss, que se acomodaba en trendelemburg, en decúbito dorsal, en supina, de todas formas, desinhibida, lánguida, pensativa, seriecita, callada, mustia, pero animosa, segura de sí misma.

Acudí varias veces con aquel grupo de pintores, creo que todos eran muy realistas, yo traía en mi mente otra forma de expresión plástica, que encontraría entre los maestros de San Carlos y La Esmeralda.

Después de una intensa búsqueda, preguntando e indagando, en la búsqueda de un lugar para trabajar y exponer, el dueño de un cafetín, el señor Pagani, nos comentó que en la colonia Roma habían muchas antiguas casonas abandonadas, residencias de la época porfiriana, de arquitectura barroca recargadas de adornos enigmáticos,

sótanos y áticos tenebrosos, portones complicados. Dimos con una vieja casona en las calles de Lucerna y Berlín. Nos pareció interesante el rumbo, ya que allí cerca se encontraba la prestigiada Galería de Arte Mexicano de Inés Amor, clave en la vida cultural del arte y los artistas mexicanos.

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