Pese a recibir hasta 550 mil pasajeros por aeropuerto, Durango se ubica en la posición 32 a nivel nacional en turismo, debido a que muchos visitantes no se hospedan en hoteles formales, indica presidente de CLUSTUR
Autoridades municipales levantaron un acta sanitaria tras detectar un resultado fuera de parámetros en un puesto de venta; anuncian revisiones semanales hasta Semana de Pascua
Sobre una candidatura de Marisol Rosso en 2028, el gobernador aseguró que tiene presencia en todo el estado pero está concentrada en su trabajo en el DIF estatal
¿Te quedas fuera de la conversación? Mandamos a tu correo el mejor resumen informativo.
Dentro de un contexto internacional donde las agendas nacionalistas se endurecen, los foros de cooperación, integraciones económicas y acuerdos multilaterales, en general, parecen quedarse sin validez. Si bien los líderes del mundo están sujetos a la práctica diplomática en encuentros de alto perfil, los compromisos que de ellos emanen se muestran complicados de acatar ante la volatilidad global. Sobre todo, en el marco de la reconfiguración geopolítica, los intereses nacionales se van ajustando conforme se consolidan los polos de poder. Por lo que, con condiciones cambiantes, la colaboración entre países en distintas materias, ya sea comercial, energética, de defensa o política, se convierte en un reto. Lo que hace que la cumbre del Grupo de los 20, llevada a cabo en la ciudad de Johannesburgo, en Sudáfrica, haya sido tan solo un formalismo diplomático.
Por una parte, vale la pena analizar primero qué representó la cumbre de este año. Bajo el lema “solidaridad, igualdad y sostenibilidad”, los países se reunieron para la discusión de temas de crecimiento económico, combate al cambio climático, comercio justo y transición energética. Se presentaron múltiples propuestas, así como se formularon estrategias con la aspiración de llevarlas a la realidad colectivamente. Por ejemplo, en el marco de la incertidumbre en la relación comercial Estados Unidos-China, se acordó la inclusión de nuevos proveedores de recursos estratégicos para reducir la vulnerabilidad de las cadenas de suministro. Ello representó una oportunidad valiosa para los países africanos, sobre todo para Sudáfrica, ya que le otorgó exposición en el concierto mundial al ser el anfitrión de un encuentro multilateral de toma de decisiones. Por lo que para aquellos en el Sur Global fungió como una plataforma que les confirió una silla en la mesa global.
Por otra parte, pese a que los acuerdos del encuentro buscan un ejercicio global, la falta de vinculación legal hace que carezcan de formalidad ante los intereses nacionales que cada país ya tiene en su propia agenda. El lema “solidaridad, igualdad y sostenibilidad” se vuelve, entonces, irrealizable en un contexto donde una reconfiguración geopolítica está en curso. Si bien los polos principales de poder ya están definidos —en este caso, Estados Unidos y China, cada uno con aliados importantes—, los países subdesarrollados, actualmente, se encuentran en la modificación de lazos comerciales y políticos. Esto con el fin de lograr un desacoplamiento a una estructura global occidental que ya no es funcional. Por lo que, en el marco de la redefinición de su interacción con el exterior, los ejes están inmersos en un enfrentamiento indirecto manifestado en aranceles o financiamiento bélico a otros. Las condiciones internacionales del momento obstruyen un trabajo en conjunto de la magnitud que las cumbres diplomáticas aspiran, sobre todo si no está sustentado bajo un marco legal.
Asimismo, esto último se puede explicar por la divergencia que existe entre los intereses nacionales de cada país. Con economías tambaleantes debido a un mercado petrolero cambiante, la cooperación integral no es viable. La reconfiguración geopolítica que busca una independencia europea de los energéticos rusos hace que temas en la agenda del G20 como la transición energética carezcan de un plan de acción. Un ejemplo de ello es el fracaso de la Conferencia de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP30) en Brasil para establecer una ruta que lleve a los países a prescindir de los combustibles fósiles. El acuerdo al que se llegó fue ambiguo y solo abarcó temas como la deforestación, dejando de lado la reducción de emisiones ante la resistencia por parte de los petroestados, como Arabia Saudí y Rusia. Por lo que se comprueba la existencia de una amplia brecha entre los actores para colaborar, haciendo que otros foros tampoco tengan acciones concretas para ejecutar.
Aunado a ello, la ausencia de los polos de poder habla aún más sobre el debilitamiento del liberal institucionalismo. Este año los representantes de la tripolaridad internacional, es decir, los presidentes Donald Trump, Xi Jinping y Vladímir Putin, no acudieron al encuentro. El primero como acto de huelga ante la presunta persecución de granjeros blancos en el país anfitrión; el segundo no ofreció explicación alguna; y el tercero se debió a la orden de arresto con la que cuenta por parte de la Corte Penal Internacional. Si bien cada uno se alinea a sus propias circunstancias, el ausentismo manda un mensaje importante a la comunidad internacional: las periferias pueden tener la disposición para trabajar en conjunto, pero si los centros del mundo, los cuales tienen la capacidad para que la multilateralidad funcione, no tienen la voluntad por trabajar en conjunto, cualquier acuerdo al que se llegue no será realizable. Por lo que ello habla del acaparamiento que están teniendo sus propios intereses nacionales en su agenda, tanto doméstica como exterior, y que ceder algunos puntos puede resultar amenazante en medio de la competencia por el liderazgo mundial.
En conclusión, si se pudiera definir a un ganador en este encuentro, sería Sudáfrica. Primero, como ya se mencionó, el alojamiento de este evento le otorgó exposición internacional; segundo, le permitió poner sobre la mesa sus principales problemas, al igual que discutirlos con las grandes manos del mundo; tercero, fue acreedor a una inversión de la Unión Europea (UE) de 750 millones de euros. Los recursos financieros serán destinados a la modernización de transporte e infraestructura energética, extracción y producción de minerales críticos, así como fortalecimiento de la industria farmacéutica. Mientras que el acuerdo general del G20 careció de formalidad, el de Pretoria-UE resultó ser tan preciso que incluyó una alta suma de dinero. En un contexto internacional donde el liderazgo mundial es disputado y conlleva a una reconfiguración política, la multilateralidad no tiene una ruta clara. Por lo que los países deberán de rediseñar sus agendas, así como sus alianzas.