Nota editorial. Internacionalista y analista política.
De otra forma, las industrias estadounidenses, así como la economía sufrirían un impacto negativo. El gobierno chino, ahora, presiona como potencia y no solamente como un centro de manufactura.
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En el marco del endurecimiento de políticas comerciales más nacionalistas motivadas en buena parte por el declive de la maquinaria occidental de globalización, Estados Unidos y China ponen un fin a la tregua comercial que habían acordado en este verano luego de la imposición de una serie de aranceles por parte de la Casa Blanca hacia todos sus socios.
Si bien éste había presumido la llegada a un acuerdo con su contraparte el Presidente Xi Jinping, la ambigüedad de la estructura bajo la cual las naciones comercializarían “libremente”, ajustándose al modelo económico que cobija al sistema internacional, dio paso al desentendimiento de cooperación entre ambos gobiernos.
La falta de un marco legal que vinculara a Washington y Beijing terminó en la reanudación de tensiones que golpean la economía global propiciando que los demás actores internacionales comiencen a reconfigurar sus relaciones comerciales. Esto para amortiguar el impacto económico que causa la volatilidad en la arena mundial provocada por las decisiones de las dos economías más grandes del mundo. Las negociaciones vuelven a comenzar desde cero.
Primeramente, el periodo de alivio de aranceles concluyó el 9 de octubre, luego de que el Presidente Xi Jinping anunciara que, a partir del 8 de noviembre, habrá controles de exportación a 5 minerales de tierras raras. Los cuales se suman a los 7 que ya había restringido en abril de este año después del “Día de la Liberación” del Presidente Donald Trump. Por lo que, ahora, China tiene restringida la comercialización de 12 de los 17 elementos.
Entre ellos el holmio, erbio, tulio, samario, escandio e itrio, los cuales son imprescindibles en los procesos de producción de celulares, carros eléctricos, infraestructura de energía renovable, al igual que de armamento con tecnología punta. Ello pone a Beijing en una posición privilegiada respecto a la reconfiguración geopolítica en curso al proporcionarle el control sobre recursos estratégicos que fortalecen su posición en el exterior.
De acuerdo con el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS, por sus siglas en inglés), el país cuenta con 44 millones de toneladas métricas de estos insumos, es decir, el 70% de las reservas globales. Además, concentra el 85% de capacidad de refinación y el 90% de producción de aleaciones metálicas e imanes, ambos usados en la fabricación de cables conductores, componentes electrónicos, entre otros.
Asimismo, la posesión de China sobre estos recursos estratégicos evidencia el poder indiscutible que goza económica, energética, militar y tecnológicamente a nivel global frente al líder en declive, Estados Unidos. Al tener la materia prima de la que las industrias que favorecen el papel de los actores internacionales en el exterior, le da una ventaja significativa a la hora de negociar.
Por lo que hace sentido el momento en el que el Presidente Xi Jinping anunció los nuevos controles de exportación pues, de cara al encuentro que tiene con el Presidente Donald Trump en Corea del Sur a finales de este mes, Beijing puede ganar terreno para obtener concesiones. Dado que Washington depende de éste para el 70% de sus importaciones de minerales de tierras raras, es altamente probable que lleguen a un acuerdo.
Por su parte, Estados Unidos ha respondido con la misma agresividad hacia su competencia. Luego de la tregua comercial a la que los países llegaron en agosto que puso en pausa aranceles que escalaron a tres dígitos en mayo por parte de ambas, dejando tarifas del 10% del lado americano y del 55% del chino, el Presidente Donald Trump anunció otro impuesto a las importaciones chinas del 100%. Ello implica que tengan un arancel de 155% en total a partir del 1 de noviembre, 9 días antes de que la pausa arancelaria acordada en agosto terminara.
Además, el mandatario también anunció la restricción de exportación de tecnología avanzada a empresas chinas porque, aunque Beijing cuenta con las materias primas, Washington continúa teniendo las patentes de los últimos softwares que son esenciales para la creación de microchips sofisticados. Esto, sin duda, brinda una herramienta de presión para el gobierno estadounidense que pondrán sobre la mesa para negociar pues, aunque este actor hegemónico está en declive, sigue teniendo algunas cuantas fichas a su favor. No obstante, esto no significa que pueda volver a perpetuarle a China una dependencia comercial pues a lo largo de los años, este último, con las políticas de comercio adecuadas, ha logrado construir una capacidad industrial soberana.
El control del Estado sobre sus empresas ha permitido que los recursos naturales sean de la nación y que no estén a merced de corporativos estadounidenses que provoquen una relación de subordinación, como pasa en países subdesarrollados de varias regiones. Washington, hoy, tiene que ajustarse a un vínculo con simetría creciente que atenta aún más contra su hegemonía en declive. Ello explica el ultranacionalismo promovido por el Presidente Donald Trump que busca revivir su industria con el fin de disminuir su vulnerabilidad frente Beijing.
En la agenda doméstica se puede ver la celeridad con la que se han aprobado proyectos de minería; en la exterior, la compra de acciones en empresas mineras internacionales e inversiones en Australia. Resulta que haber trasladado sus centros de manufactura a otros países por ser subdesarrollados, ya no es rentable. Como consecuencia, Occidente entra en un periodo en el que tiene que recuperar su autosuficiencia, de no hacerlo, sus industrias, sobre todo la armamentística, tendrán un impacto severo.
La diversificación de mercados para la creación de nuevas cadenas de suministro es fundamental si buscan eliminar su dependencia hacia la minería, refinación y producción minerales de tierras raras de China, pero eso tomaría décadas según expertos. Por lo que es clave que el Presidente Donald Trump llegue a un acuerdo con el Presidente Xi Jinping en su reunión el 30 de octubre durante la cumbre de Cooperación Económica Asia-Pacífico que se llevará a cabo en Corea del Sur.
Ante la incertidumbre que genera esta espera por que los dos gobiernos encuentren un terreno en común, los inversores prefieren jugar a lo seguro. Por lo que ya se comenzaron a ver bajas en los índices bursátiles americanos como S&P 500 y Nasdaq denotando la falta de confianza del sector privado. Sin duda, el dominio de Beijing en el sistema internacional cada vez es más real.