Un hombre de 68 años de edad con antecedentes de problemas cardiacos perdió la vida de manera repentina mientras aguardaba su turno para efectuar un trámite
Señalan que la dependencia siempre ha rechazado recibir talleres de sensibilización y concientización, para atender a personas de la diversidad sexual, además de no contar con protocolos
¿Te quedas fuera de la conversación? Mandamos a tu correo el mejor resumen informativo.
La llamada telefónica de ayer entre la presidenta Claudia Sheinbaum y Donald Trump no fue un gesto diplomático menor ni un simple trámite de cortesía, fue, en los hechos, una conversación obligada y urgente frente a un escenario que se había venido tensando peligrosamente en la última semana, sobre todo por las reiteradas amenazas del mandatario estadounidense de intervenir por tierra en territorio mexicano bajo el argumento del combate al crimen organizado. En política exterior, como en la vida, hay silencios que cuestan caro, y este no era momento de guardar distancia con el socio comercial más importante de México; la comunicación directa era indispensable para bajar tensiones, marcar límites y, sobre todo, dejar claro que la relación bilateral se atiende con diálogo, no con “bravatas”, tampoco con “mensajeros”, directo, entre iguales y así evitar mensajes poco claros o erróneos.
Uno de los ejes centrales de esta conversación es, sin duda, la seguridad, ya que México y Estados Unidos comparten una frontera compleja, viva y sensible, donde cualquier declaración irresponsable tiene repercusiones inmediatas. Las amenazas de una posible incursión terrestre no solo violan principios básicos del derecho internacional, también alimentan narrativas internas que generan incertidumbre y polarización. En ese contexto, la postura de Sheinbaum ha sido firme, cooperación sí, subordinación no; la llamada sirvió para recordar que los problemas de seguridad se enfrentan con coordinación institucional, inteligencia compartida y respeto a la soberanía, no con soluciones simplistas pensadas para consumo electoral estadounidense.
Más allá del tema de seguridad, la relación con Estados Unidos es profundamente económica, pues millones de empleos, cadenas de suministro completas y flujos comerciales diarios dependen de una relación estable y bien cimentada, cualquier sobresalto político, cualquier amago de ruptura o intervención, tiene efectos inmediatos en los mercados, en la inversión y en la confianza. Por eso esta llamada también fue un mensaje a empresarios, inversionistas y socios comerciales, donde queda claro que México entiende la importancia de la estabilidad regional y está dispuesto a atender los asuntos de forma inmediata y responsable, al menos así quedó de manifiesto por parte de la Presidenta, Claudia Sheinbaum.
Desde que Claudia Sheinbaum asumió la Presidencia de la República, el contacto con Donald Trump ha sido constante y estratégico, no ha sido una sola llamada ni un diálogo aislado; ha habido conversaciones previas centradas en migración, comercio, seguridad fronteriza y cooperación regional, siempre con un tono institucional y de respeto mutuo. Esta última llamada se inscribe en ese historial de comunicación directa, donde se privilegia el entendimiento antes que la confrontación pública. El mensaje es claro, México no evade los temas incómodos, los enfrenta con diplomacia y con la firmeza que exige la defensa del interés nacional, además desde lo interno, por lo menos, se ha intentado atender las demandas del magnate, y así lo expuso la “inquilina” de Palacio Nacional en esta conversación.
La llamada entre Sheinbaum y Trump no resuelve todos los problemas, pero sí coloca las cartas sobre la mesa y marca una ruta, diálogo, respeto y atención inmediata de los conflictos. En tiempos de incertidumbre global, eso no es debilidad, es responsabilidad, porque vale la pena recordar cómo algunos conflictos armados pudieron haberse resuelto tan solo con una llamada, no solo a través de los años, incluso también en la actualidad. Por lo que me parece que este deberá ser el camino, reconocer que no podemos “meternos” con la potencia mundial, y lo único que se puede ofrecer es diálogo y apertura para cambiar algunas políticas públicas, más no la entrega de la soberanía.