Vida y hazañas de Alejandro de Macedonia
Alejandro Magno dedicó los primeros años de su reinado a imponer su autoridad sobre los pueblos sometidos a Macedonia, que habían aprovechado la muerte de su padre Filipo para rebelarse.
Alejandro El Grande, es el último héroe griego destinado a convertirse en monarca de un inmenso imperio, que asciende a los cielos en un carro tirado por grifos, se sumerge en el fondo del océano en una bola de cristal y parece envenenado en la misteriosa Babilonia, en plena gloria y juventud.
Alejandro El Grande, rey de Macedonia, nació en el año 356 a.C., y sucedió con sólo veinte años a su padre en el trono, y sus conquistas y extraordinarios dotes militares le permitieron forjar, en menos de diez años, un imperio que se extendía desde Grecia y Egipto hasta la India, iniciándose así el llamado periodo helenístico de la Antigüedad.
En el texto se narra la concepción del Magno por una serpiente que visita a Olimpia una noche, las palabras de Zeus-Amón en el oasis de Siwa, la penosa marcha de los macedonios por el desierto de Gedrosia, y la controversial carta a los romanos, recopilados en una aclamada novela actual.
Alejandro Magno dedicó los primeros años de su reinado a imponer su autoridad sobre los pueblos sometidos a Macedonia, que habían aprovechado la muerte de su padre Filipo para rebelarse.
Lanzó su ejército contra el poderoso y extenso Imperio Persa o Aqueménida, fundado dos siglos antes por Ciro El Grande, continuando así la empresa que su padre había iniciado poco antes de morir: una guerra de venganza de los griegos contra los persas.
Perteneció a la dinastía Argéada, que reinaría hasta su hijo, presumía de tener un origen tebano, además de que varios reyes macedonios abrieron su corte a la llegada de intelectuales de polis griegas, como ocurrió con el rey Arquelao allá por el siglo IV a.C. con la llegada del escultor Calímaco o el gran Eurípides.
De sus recorridos, en un momento estaba en la India, marca hacia el este y aparece en Etiopía, avanzaba unos cuantos kilómetros y ya estaba en la tierra de las amazonas en el Cáucaso.
Para forjar su imperio, Alejandro recorrió victorioso el Asia Menor, Siria, Fenicia, Egipto y Mesopotamia, hasta tomar las capitales persas de Susa y Persépolis, y con la conquista del Imperio Persa, Alejandro descubrió el grado de civilización de los orientales, a los que antes había tenido por bárbaros.
Concibió entonces la idea de unificar a los griegos con los persas en un único imperio en el que convivieran bajo una cultura de síntesis.
Falleció a los 33 años, víctima del paludismo, y a su muerte se desencadenaron luchas sucesorias en las que el imperio quedó repartido entre sus generales Seleuco, Ptolomeo, Antígono, Lisímaco y Casandro.

















