Los valores dentro y fuera de casa
Con tinta rosa
“Llegó un momento en que sencillamente no quería asistir, me dolía el estómago, y todas las mañanas vomitaba el desayuno”, “decidí cortarme el cabello porque diario me pegaban chicles”; “me cambié de escuela porque me golpeaban”.
Lo anterior son algunos testimonios de alumnos que han sufrido acoso escolar.
Cuando nos referimos al acoso escolar, significan todas las formas de actitudes agresivas, intencionadas y repetidas, que ocurren sin motivación evidente.
Ésta es adoptada por uno o más estudiantes contra uno u otros.
Una acción sumamente importante en nuestra práctica educativa es mantener una sana convivencia dentro y fuera de nuestra aula, tomando en cuenta la infinidad de caracteres y la forma de crianza por parte de la familia.
Cuando no existe tal convivencia, hay alumnos que hasta pierden el gusto por asistir a la escuela, presentan diferentes sentimientos como: Tristeza, incertidumbre, miedo, depresión; orillándolos a desertar.
Para la persona que ejerce el acoso, tiene la necesidad de denotar su poder sobre el compañero a través de constantes amenazas, insultos, agresiones, teniéndolo en completo dominio.
En la mayoría de los casos la víctima sufre en silencio por miedo.
Como resultado de estas reprobables acciones ha habido golpes de gravedad y en su defensa manejan como excusa perfecta, “sólo estábamos jugando”, pero siempre es uno quien lleva la ventaja e incluso pueden llegar a la tragedia.
En diversas investigaciones se ha podido detectar tipos de acosadores.
En toda situación de acoso escolar suelen participar las siguientes personas: La víctima que sufre las agresiones, el agresor que ejerce abuso sobre la víctima, los observadores que generalmente son compañeros que contemplan los hechos y que por diversas razones callan.
Hablar del tema de valores, siempre ha sido fundamental en la sociedad.
En infinidad de ocasiones se alcanza a escuchar en plática de adultos mayores “en mis tiempos cuando joven”; que esperanzas que les contestáramos a nuestros padres, o bien gritar palabras altisonantes que a unísono dicen grandes y pequeños sin ningún pudor.
Cómo olvidar que con tan sólo una simple pero fuerte mirada nos hacían obedecer sin chistar.
“Los valores se están perdiendo” afirman sin duda y con preocupación notoria; pero ¿en realidad los fomentamos en casa?
Creo sin temor a equivocarme, que se debe de predicar con el ejemplo; y con ello demostrar a los hijos tolerancia hacia los demás, haciendo énfasis que las diferencias entre nosotros nos hacen únicos.
Qué aburrida sería la vida si todos tuviéramos iguales preferencias.
En la actualidad, es triste decirlo, pero es algo habitual en la dinámica humana; hay quienes se sienten mejor humillando a los demás.
Hoy en día es muy fácil el acceso a información nociva que coarta el desarrollo de los niños y jóvenes, al contrario propician violencia.
Qué impotencia cuando escuchamos de viva voz a nuestros alumnos en sus pláticas con una normalidad y poca sensibilidad respecto al tema.
Padres protejan a sus hijos, el acoso escolar no es un término a utilizar porque esté “de moda”.
La sociedad no puede permanecer ajena a este, tampoco esperar resultados positivos si seguimos haciendo lo mismo, un maltrato que se da en uno de los ámbitos fundamentales para la socialización de los niños.
“La paz comienza con una sonrisa” Madre Teresa de Calcuta.
Chiokore (gracias en lengua Yaqui)
Elizabeth Noelia Flores Vargas es maestra con 10 años de servicio docente. Maestría en Docencia por el Instituto del Desierto de Santa Ana.
Twitter: @elynoeliaFV
















