Simplemente, por su actuar, y lo que se espera de ella. Desde luego no se ignora que su ejercicio es de por sí complejo, además de gran exigencia cívica. Aunque al igual es verdad señalar en coincidencia con muchos ciudadanos: Para eso está, para eso se le paga.
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Saludos estimados lectores, fieles, renovados o de ocasión. Eso sí, con talante ciudadano en toda la extensión del concepto. La intención de quien esto escribe, es la usual: Motivar la reflexión y, si es activa, mejor. No se trata de denostar el esfuerzo real o simulado de las autoridades políticas en cualquiera de sus tres grados en la definición constitucional. Sin embargo, como cualquier observador de los acontecimientos – a querer o no- siempre hay hechos o noticias que llaman más la atención. Es el caso pues, de la representante del poder ejecutivo federal.
El título de esta colaboración viene a colación por los hechos que a la vista saltan, en la reacción gubernamental a las reclamaciones ciudadanas, con todo y que la marcha del pasado 15 de noviembre, haya surgido de un sector que se venía –equívocamente- considerando abúlico, apático a la política: La hoy famosa “Generación Z”. Es decir, de gente joven.
La marcha dicha y las que le sigan, porque todo indica que no van a parar así y, con la represión menos. Ahora, gracias a las redes sociales que han transformado la comunicación social, en particular desde la inmediata reacción y publicación de vídeos, se hace notoria la contradicción y ésta aviva la molestia civil. Me refiero al discurso oficial de que no hay represión, de que se respeta la libertad de expresión, de tránsito, de reunión; y la contradicción oficial, con todo lo que implica la violencia oficial contra la fluidez de los marchistas. Y es precisamente un vídeo viral –como ahora se les denomina- el que abre más la llaga. Grupos de sujetos con todas las características físicas militares, fueron grabados bajando de camiones de la Guardia Nacional, a unas calles del Zócalo de la ciudad de México, momentos antes de que el grupo numeroso de marchistas, arribaban a la plazoleta. Los sujetos de corte militar iban ataviados con ropa negra, con pasamontañas, algunos con garrotes, o cadenas y cualquier instrumento para golpear. Y sí, fueron esos individuos, los que llegaron a romper la marcha frente a Palacio Nacional.
Y de pronto, se “refrescan” los hechos ocurridos en 1968. Represión, violencia, intolerancia de la autoridad, e igual, usando las mentadas “guardias blancas”, los “halcones”, los grupos de choque. Que son enviados por el propio gobierno. Y la sociedad civil, al igual inconforme, hastiada de tanto latrocinio oficial, dispuesta a manifestarse, perdiendo en cierta gradualidad el miedo a la violencia oficial y, en algunos casos ésta, sirve de acicate. Y, por supuesto, por razón natural, son los jóvenes de nueva cuenta los que salen a las calles. Desde luego, sin menospreciar a todos los demás ciudadanos de mayor edad que se suman. ¿El detonante? Es claro, el artero crimen en que perdió la vida el Lic. Carlos Manzo, siendo presidente municipal de Uruapan, Michoacán. En seguida, el “Movimiento del Sombrero”. Esto se debe entender como una situación que está unificando a las personas para exigir al gobierno –sin perjuicio del nivel gubernativo- que ya pongan un alto definitivo a la violencia criminal, que efectivamente, ya se trata de terrorismo. Para eso están, para eso les pagamos. No debe existir excusa, menos discurso falso para justificar indolencia, incapacidad, nepotismo, encubrimiento y todo lo nefasto que surge.
LA CONDICIÓN SINE QUA NON: No debe pasar lo que nos lastimó a los mexicanos en tiempo pasado (1968, 1971, etc.), en que el gobierno fue sordo y ciego ante los reclamos sociales que eran reales y, que en estricto sentido y escala mayor, hoy nos agobian, que la solución no es mandar a las huestes castrenses a violentar, a aterrorizar, a destruir el legítimo derecho a disentir, que el gobierno del color político, o de partido político que sean, NO SON LOS DUEÑOS DE NUESTRAS VIDAS, LIBERTAD, DE NUESTRO PATRIMONIO, y todo lo que implica. No pierdan piso, no olviden que se les “contrató” para administrar debidamente, lograr un buen gobierno, una mejor gobernanza. No para mentir, negar, menos aún para robar y solapar delincuentes. Es muy claro de entender. Si no les gustan los reclamos sociales, entonces no han comprendido que es ser un político de verdad y sí es así, no habrá otra que su salida o su expulsión del poder. Eso es pues, lo que la sociedad demanda. Por supuesto que en Guanajuato, los funcionarios públicos deben poner sus “barbas en remojo”, lo que no necesita de mayor explicación. Es lo que hay. Cuídense.