Acceso a la información para la inclusión real
Hay cifras que nos recuerdan la magnitud del desafío. Según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), en 2023 había en México aproximadamente 8.8 millones de personas de 5 años o más con discapacidad, lo que equivale al 7.2 % de la población registrada en ese rango de edad. De ese total, el 53.5 % eran mujeres y el 46.5 % hombres.
Estos datos evidencian que millones de mexicanas y mexicanos viven con alguna discapacidad, y buena parte podría requerir que la información pública sea no solo “disponible”, sino accesible de verdad.
Cuando una persona con discapacidad puede hacer una solicitud de información sin barreras, puede exigir la entrega de su medicamento, acceder a un subsidio, revisar el uso del presupuesto que debería beneficiarla o conocer por qué un servicio no está funcionando. Cuando la información es accesible, la dignidad es accesible.
Hoy más que nunca debemos cuidar este derecho. No podemos permitir retrocesos disfrazados de simplificación. Al contrario, debemos avanzar hacia un país en el que la transparencia sea un pilar de inclusión. Donde la información pública se construya pensando en todas las personas, especialmente en quienes históricamente han sido excluidas.
Es una obligación del Estado y una responsabilidad ética de quienes trabajamos por los derechos de acceso a la información y la protección de datos. Porque una sociedad verdaderamente democrática no es aquella que presume cifras, sino la que garantiza que nadie quede fuera del derecho a saber.

















