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Análisissábado, 15 de diciembre de 2018

Entre piernas y telones

La insoportable levedad del pop

Hugo Hernández

En el caso de los dramaturgos me puedo imaginar que el proceso de escritura es similar, pero, ¿qué sucede con los directores? ¿cómo se enfrentan ellos al escenario vacío?

Y peor aún, ¿qué pasa con los dramaturgos-directores? ¿cómo y dónde se detona la creatividad? ¿la “inspiración” sucede frente a la computadora o nace en el escenario?

Desde el primer montaje que le vi a Richard, Vencer al sensei, me sorprendió su locura tan hilvanada. De la nada se saca una historia, busca la manera idónea de contarla y los intérpretes justos para que el hecho teatral suceda.

Muchos, casi todos sus montajes, me han gustado, algunos fascinado diría yo; pero incluso los que no me han encantado, no han dejado de sorprenderme.

DEBE, sí, así con mayúsculas, porque se trata de un montaje muy cercano a todos los mexicanos. Que nos permite, como toda buena obra, vernos, reconocernos, identificarnos a detalle con lo que sucede en el escenario.

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