El director del STC, Adrián Rubalcava, y el líder sindical Fernando Espino pactaron priorizar el mantenimiento a vías y trenes; Clara Brugada instruyó fortalecer las condiciones laborales de los trabajadores.
Mujeres que culparon de abuso sexual a Naasón Joaquín García lograron llevar el caso ante un juez, quien evaluará si se revierte el cierre de la indagatoria contra la iglesia
Con el ataque que se realizó ayer, bajo la operación Lanza del Sur, EU suma un saldo de al menos seis personas fallecidas en lo que va del mes por ataques en el Pacífico
La Unión de Universidades de América Latina y el Caribe destacó a la UNAM como referente por su defensa de la autonomía y la generación de conocimiento
Este lunes estudiantes caminaron sobre la autopista México-Querétaro para tomar la caseta de Tepotzotlán y exigir atención a casos de corrupción al interior del plantel.
Esta línea ferroviaria que conectará a la CDMX desde la terminal ferroviaria de Buenavista con el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles comenzó su construcción en 2021
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El 3 de marzo, a 100 días del silbatazo inicial del Mundial 2026, la presidenta Claudia Sheinbaum planteó que, más allá de los partidos y los goles, el torneo puede ser una oportunidad para fomentar la paz, la comunicación y la amistad entre naciones.
Esa afirmación me llevó a cuestionar si, en el contexto geopolítico actual, el futbol puede realmente convertirse en un vehículo para la construcción de vínculos entre países cuando el país que albergará la mayor parte de los partidos de la justa mundialista, Estados Unidos, es también el mayor catalizador de conflictos.
En el plano regional, Washington ha sido motor de tensiones constantes con México y Canadá, particularmente en materia comercial, migratoria y de seguridad. Por ello, más que propiciar una coordinación armónica en la organización del torneo, persiste un entorno de fricción que permea la relación trilateral.
A ello se suma la política migratoria estadounidense. Las deportaciones y las restricciones de entrada para determinadas nacionalidades contrastan con el carácter multicultural del Mundial. El torneo presume ser el más diverso en la historia, con mayor participación global que cualquier edición previa; Sin embargo, se celebrará principalmente en un país cuyo gobierno busca limitar esa misma diversidad.
Y, en el plano internacional, Estados Unidos ha ocupado un papel central en la escalada de tensiones recientes. En los últimos meses, Donald Trump ha marcado un récord entre presidentes modernos al ordenar ataques o intervenciones militares en siete naciones. Este historial contrasta con la expectativa de que los anfitriones del Mundial deben proyectar una imagen de liderazgo responsable.
Por otro lado, la misma FIFA, no está exenta de controversias. Sus posicionamientos frente a conflictos y sus gestos simbólicos, como la entrega del reconocimiento de Paz al presidente Trump, son claros movimientos estratégicos, más allá que verdaderos símbolos de paz, coherentes con la idea del deporte como vehículo “que une al mundo”, como su lema presumir.
Históricamente se ha demostrado que el futbol no es ajeno a la política. Bajo la mirada del mundo, puede convertirse tanto en un espacio donde se profundan tensiones como en una plataforma para la construcción de paz. Pero si el principal país anfitrión es hoy uno de los actores más confrontativos del escenario internacional, la aspiración de que el Mundial funcione como puente de amistad enfrenta un obstáculo estructural. Porque no basta con organizar el mayor espectáculo deportivo global si no se está dispuesto a asumir la responsabilidad política que implica encabezarlo.