Un antes y un después de Teuchitlán
En sus primeros años, la opinión pública mundial se mantuvo al margen de lo ocurrido en la Alemania nazi a pesar de numerosas evidencias de la persecución y exterminio de grupos específicos como los judíos, gitanos y hombres homosexuales.
Lo que se difundía era tan terrible que no parecía real. Fue necesario esperar hasta que las tropas de avanzada llegasen a los campos de exterminio localizados en Europa central para que las imágenes golpearan como un mazo la conciencia de las masas, imposibilitando continuar con la negación.
Después de más de una década de horrores por la desaparición, posiblemente vinculada al crimen organizado, de más de 124 mil personas, fue necesario esperar hasta que los colectivos de buscadores llegasen a un rancho localizado en Jalisco para que las imágenes activaran, por fin, la indignación popular.
El paralelismo simbólico entre las pilas de zapatos encontradas en el rancho de Teuchitlán y las encontradas en los campos de exterminio nazis recorrió todo el mundo. Prendas, accesorios y documentos han permitido iniciar la identificación de quienes perdieron la vida en ese sitio, una tortura más para los miles de familiares de personas desaparecidas.
Este es un buen momento para recordar la infructuosa inversión de millones de pesos en la construcción y equipamiento de laboratorios nacionales para la identificación de personas, una actividad vital que se vio arbitrariamente truncada a finales del sexenio anterior.
El sábado 15 de marzo los colectivos de buscadores convocaron a una velada en más de 200 puntos en el país, incluyendo el Zócalo de la Ciudad de México, a la que acudieron miles de personas en solidaridad. Ya no es posible seguir en la negación, México no puede seguir siendo el mismo después del hallazgo de Teuchitlán.
















