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Morena se ha cansado de repetir que es un movimiento plural y democrático, sin embargo, desde la etapa final de Andrés Manuel López Obrador fue cooptando uno a uno los poderes, instituciones y organismos que deberían fungir como sus contrapesos, para volverlos en extensiones del poder morenista. Ya en este sexenio la presidenta Sheinbaum fue quien jaló el gatillo para que la 4T controlara a placer los poderes legislativo (con la súper mayoría) y judicial (con la elección de los acordeones), pero además, tienen controlado ya al Instituto Nacional Electoral, al Tribunal Electoral y a la CNDH.
A su vez desaparecieron organismos autónomos como el INAI y la Comisión Reguladora de Energía, entre otros. Quien no quiera darse cuenta del apetito absolutista que despliegan Morena y aliados es porque no quiere o no entiende la gravedad de que un solo grupo tenga el control total del país, y la semana pasada este grupo tomó el control de uno de los muy pocos espacios que les faltaba, la Fiscalía General de la República (FGR), a raíz de la renuncia de su titular, la cual quedará ahora a las órdenes de lo que se dicte desde Palacio Nacional.
Alejandro Gertz Manero siempre advirtió que de la Fiscalía General de la República solo saldría “con los pies por delante”. No era una metáfora, era un mensaje para Claudia Sheinbaum que desde el primer día de su gobierno planeaba removerlo, lo que nadie anticipó fue que el estallido vendría por algo tan aparentemente banal como Miss Universo, luego de que la fiscalía aceptara que Rocha Cantú (dueño del certamen) fuera testigo protegido de la FGR a cambio de quedar en libertad, una situación que comprometió a la presidenta Sheinbaum, luego de que se supiera que Estados Unidos planeaba ir por el polémico empresario tras diversas acusaciones y sospechas de huachicoleo, narcotráfico y tráfico de armas, lo que para la presidenta fue la gota que derramó el vaso.
Pero la tensión no comenzó ahí. Desde hace más de un mes en Palacio ya se había tomado la decisión de que Gertz debía irse. No porque fuera un contrapeso —él mismo se encargó de que nadie lo confundiera con un fiscal independiente—, sino porque mantenía un margen mínimo de autonomía. Un 20% quizá, pero para el oficialismo eso era demasiado. Sheinbaum quería control absoluto de la Fiscalía, y Gertz era un aliado incómodo, uno que decidía los tiempos según su propio cálculo político.
La presidenta Sheinbaum tenía ya definido desde hace tiempo a su relevo, aunque se barajó momentáneamente la idea de Arturo Zaldívar, la elegida fue Ernestina Godoy, su ex fiscal capitalina, su consejera jurídica y su aliada absoluta. Godoy era la pieza clave, no solo por lealtad sino por algo más profundo, la certeza de que con ella la Fiscalía quedaría sometida al 100% a la presidenta, nada de espacios grises, nada de matices, nada de independencia.
Resulta muy curioso, por otro lado, que la operación política en el Senado para el relevo en la Fiscalía la encabezara Adán Augusto López Hernández, convertido en enemigo personal del ahora ex fiscal, quien según se rumora está convencido de que Gertz estuvo detrás de las filtraciones que lo involucran con el caso de La Barredora en Tabasco.
De este modo el pasado jueves, a pesar de que Gertz creyó que los expedientes que guardaba bajo llave —los que rozaban a figuras centrales del obradorismo, incluido el círculo íntimo del ex presidente— ,lo protegerían, esto al final no sucedió, a las 3:00 de la tarde aceptó su derrota en forma de embajada, y acordó el inicio inmediato de su relevo, la antes mencionada Ernestina Godoy.
Ahora, la llegada de Godoy a la Fiscalía no es una simple transición, es una declaración de intenciones. Con ella, la presidenta asegura el dominio total sobre la persecución penal en México, no se trata de otro “fiscal carnal”, sino de un rediseño del poder, pues Godoy garantiza una lealtad a la figura presidencial sin precedentes, probada en casos pasados como el del Rébsamen, la Línea 12 del Metro de la Ciudad de México y el espionaje selectivo de adversarios, es en pocas palabras un alineamiento sin fisuras.
Quien quiera engañarse y pensar que este es un paso más en la normalidad política, se quedará corto. Lo que ocurrió con Gertz Manero es mucho más profundo: es el cierre de un ciclo y la inauguración de una etapa donde el proyecto político de Sheinbaum aspira al control absoluto de las instituciones clave, no es un movimiento menor, no es un ajuste interno, es un mensaje, y el mensaje es claro: A partir de ahora, la Fiscalía ya no será un actor político con márgenes propios, será un instrumento directo del poder presidencial.