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New Articleslunes, 29 de julio de 2024

Opinión | Los sucesores

Hay dos maneras de leer a Georges Simenon (1903-1989): en casa o viajando. Las novelas de Maigret son para viajar; las otras, aquellas donde el inspector no aparece, para leerse antes de dormir.

Cuando hago un viaje largo, echo siempre dos novelas de Maigret en la maleta: una para la ida, y otra para la vuelta; las otras, en cambio, prefiero que se queden en casa, pues merecen una lectura más atenta y reposada.

Pero una noche…

Bueno, una noche, un sobrino suyo, policía también, lo lleva consigo a París para aclarar un crimen que, si queda oscuro, le será imputado a él, por no haber hecho las cosas como debían hacerse. Y allá va Maigret, contra su voluntad y de muy mal humor, por cierto.

“-Buenos días, Maigret…

“-Buenos días, comandante.

“Se rozaron las puntas de lo dedos, como antaño, cuando se veían todas las mañanas. Amadieu le hizo señas a un inspector de que saliera; después, murmuró:

“-¿Quiere usted hablarme?

“Con un movimiento familiar, Maigret se sentó en el borde de la mesa y cogió las cerillas para encender su pipa.

“Su colega había retirado su sillón, echándose hacia atrás.

“-¿Cómo va en el campo?

“ –Bien, gracias. ¿Y aquí?

“-Siempre lo mismo. Debo ver al jefe dentro de cinco minutos.

“Maigret fingió no comprender lo que eso quería decir, desabrochó su abrigo sin darse prisa. Estaba allí como en su casa, y aquel despacho había sido suyo durante diez años…”.

El jefe, por su parte, no lo recibe mejor. Siempre la misma reticencia, la misma frialdad. Pero no lo siento por Maigret, que tiene el lomo duro, sino por aquellos que no son Maigret y lo tienen blando.

He conocido directores que no pueden volver al lugar en el que trabajaron media vida, o vida y media, porque sus nuevos colegas se molestan al verlo en sus territorios. ¡Él no tiene derecho a regresar! ¿A qué ha venido? Ahora son otros tiempos, tiempos mejores…

He conocido párrocos que, tras diez o quince años de dura faena, no pueden regresar a su antigua comunidad sin ser recibidos con una frialdad cadavérica por parte del nuevo encargado. “La gente –piensa éste-, podría hacer comparaciones, y entonces…”.

¿Quieren los sucesores un consejo fraterno? ¿Lo quieren de veras?

Las opiniones vertidas en este artículo son responsabilidad de quien las emite y no de esta casa editorial. Aquí se respeta la libertad de expresión

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