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Ante el éxito de crítica mundial que está teniendo el filme iraní Fue solo un accidente/ 2025, de Jafar Panahi, sobre el sobado tema –difícil, espinoso, traumatizante- de la víctima que se reencuentra con su torturador, es menester repasar una película con un tema afín: Magallanes/ 2015.
Cuando el taxista Harvey Magallanes/ Damián Alcázar se topa con Celina/ Magaly Solier su rutinaria vida se tambalea. De chofer lazarillo de un coronel senil del ejército/ Federico Luppi, a quien el Alzheimer no le permite reconstruir su oscuro pasado en la guerra interna peruana contra Sendero Luminoso en Ayacucho.
Magallanes/ Perú- Colombia- Argentina- España, ópera prima del actor Salvador del Solar (Pantaleón y la visitadoras/ 1999) quien, apoyado en la novela La pasajera, de Alonso Cueto, plantea un melodrama contenido, escueto en cuanto a sus concatenaciones de sus fuentes históricas.
El pasado se le pone de frente un buen día a Magallanes no para apostillarlo con el dolor irredento sino con la aguja de la culpa acumulada. Así, de servil chofer de su exjefe miliciano (al que cada semana saca a pasear a los parques de Lima) pasa a extorsionar al hijo de éste con revelar un secreto brutal de su padre torturador.
El filme se convierte en un thriller donde el chantaje al hijo, un exitoso empresario, se desliza hacia los territorios de la culpa redentora. Magallanes buscará a Celina para darle el dinero que la resarza en algo de la ignominia a la que fue sometida por las fuerzas castrenses del coronel.
Del Solar aporta un elemento interesante, y por lo mismo débil para el fortalecimiento del guion en su narrativa de suspense: el sentimentalismo vía el arrepentimiento. Si bien el eje focal es evidente – los abusos sexuales a las indígenas en Ayacucho – Magallanes dista mucho de la hondura y concisión estética de una Claudia Llosa en La teta asustada/ 2009. Se pierde en una perorata de expiación que sepulta al personaje de Alcázar en un acartonamiento histriónico exasperante, dejándolo a ratos con la impresión de estar en otro filme.
Aunque Magallanes, con cierto tufo a La muerte y la doncella/ 1994, se aleja del panfleto y cae en una frialdad que no dirime con éxito el asunto que denuncia por la parquedad en aras de una economía de acciones (mal resueltas algunas de ellas: el reclamo de Magallanes a su excompañero torturador, el secuestro del hijo del coronel) empero la valía del filme radica en dos puntos: el solvente ritmo de la narración visual, en especial sobre la faramalla del chantaje, y la actuación de Magaly Solier quien asimila su papel con holgura.
Del Solar entrega una historia que hurga en acontecimientos dolorosos del Perú reciente, pero lo hace con un tono desafortunado, con nudos sin resolver (la hermana y el sobrino de Magallanes) y con un final más apegado a fórmulas hollywoodenses que a un justo corolario que para los personajes inmersos en un filme con hálito policial…