Análisislunes, 10 de octubre de 2016
La fiesta de las salchichas
ÚLTIMAS COLUMNAS
Más Noticias
COLUMNAS
CARTONES
LOÚLTIMO
Newsletter
¿Te quedas fuera de la conversación? Mandamos a tu correo el mejor resumen informativo.
Hecha con la mayor irreverencia posible, La fiesta de las salchichas (Sausage party)/ EU-2016 es una fábula-sátira-alegoría en animación despiadada sobre el consumismo, la religión, el sexo y las ideologías absolutistas contemporáneas. Manejada con un humor propio de la bien asignada clasificación C, la película trata la historia de una salchicha llamada Frank y su enamorada Brenda, un bollo sensual a la que siempre ha querido seducir y que son habitantes de un supermercado. Los productos comestibles –perecederos como imperecederos– tienen la idea que los dioses (así le llaman a los humanos) cuando los compran y los llevan fuera del supermercado son trasladados al “más allá”. Sólo que la verdad será dura para todos ellos cuando descubren su terrible destino final. De la mano de los directores Conrad Vernon y Greg Tiernan y el guion del escatológico Seth Rogen (Borat, Este es el fin) el filme es una bomba molotov para sensibilidades conservadoras. No hay hueco sin llenar. El buen gusto se va de vacaciones y en cambio lo ácido y revisionista se instalan en una comedia delirante donde hasta una orgía de productos vegetales y enlatados se nos presenta. ¿Qué es lo llamativo de esta película? Lo incisivo hacia la sociedad actual, sin duda. Los elementos que maneja se insertan con intención total en la metáfora y la alegoría sobre asuntos como la globalización asfixiante (el supermercado en sí), la intolerancia (los amigos de la salchicha Frank son disímbolos: una tortilla mexicana, un pan árabe-gay, unos chiles mexicanos ilegales, sopas alemanas enlatadas nazis, etc.) y los terrenos farragosos de la angustia existencial, cual curso de Nietzsche sobre Así habló Zaratustra, al esbozar lo fatuo de la vida misma. Sin embargo, el filme esgrime tópicos interesantes como la incomprensión hacia el otro y la soledad de los consumidores quienes con la mayor ironía son mostrados como gordos, toxicómanos y repugnantes. Las situaciones son de lo más gráciles y con el toque gringo de Pixar y Disney (que se ruborizarían si hubiesen participado): persecuciones acrobáticas, vueltas de tuerca grandilocuentes, compañeros solidarios e inesperados, como esa goma de mascar sabia en silla de ruedas, alter ego de Stephen Hawking, que descubre para los protagonistas –y para el público espectador– que los productos no existen, que todo es una gran mentira, que fueron dibujados por una empresa que utiliza humanos para su doblaje en voz. La fiesta de las salchichas es un compendio de astucia narrativa que descubre hipocresías morales y se pitorrea de la supremacía del hombre (el depredador por antonomasia). De allí que la secuencia cuando Frank y sus amigos ven cómo una mujer devora, inmisericorde, a las papitas, las salchichas y los bollos sea espeluznante. La fiesta de las salchichas se exhibe en Tampico. Consulte la cartelera…