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Análisisdomingo, 22 de marzo de 2026

Vivencias / Los cuidadores

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Cuidar también cansa (y casi nadie lo dice)

Cuidar no es solo estar. Es vigilar, administrar medicamentos, acompañar, contener emocionalmente, resolver imprevistos y, además, seguir siendo madre, hija, trabajadora o todo al mismo tiempo. Es vivir con un ojo en el presente y otro en la preocupación permanente.

Y sí, cuidar también cansa.

Cansa física, emocional y económicamente. Cansa porque no hay horarios. Porque no hay descansos formales. Porque no hay reconocimiento real. Y porque, aunque se haga con amor, el amor no sustituye la necesidad de apoyo.

Por eso, hablar de cuidados sin hablar de las cuidadoras -y los cuidadores- es quedarnos a la mitad.

Hoy el reto no es solo reconocerlos en el discurso. Es construir condiciones reales para que puedan cuidar sin perderse a sí mismos en el proceso. Eso implica descanso, capacitación, redes de apoyo, acompañamiento emocional y, sí, también reconocimiento social.

Este no es un tema menor ni de moda. Es una realidad que ya alcanzó a miles de familias y que seguirá creciendo. Podemos ignorarlo y seguir parchando, o podemos asumirlo con seriedad y construir una nueva forma de entender el cuidado en nuestra sociedad. Una que no deje solas a quienes, en silencio, sostienen la vida de los demás.

Las opiniones vertidas en este artículo son responsabilidad de quien las emite y no de esta casa editorial. Aquí se respeta la libertad de expresión

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