¡Tuvimos algunos días de sol… después de aquellos tormentosos! Las lluvias intensas marcan el ritmo de los días. Nos tienen a dos “fuegos” por el golfo y el Pacífico.
Los deudores dados de alta ante el Registro Nacional de Obligaciones Alimentarias no podrán obtener la licencia de conducir y pasaporte, ni realizar trámites en notarías
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En ellos se incuban huracanes que luego descargan sus acuosos vientres sobre la masa continental. Por fortuna aTlaxcala nos llegan domeñadas. Inundan, pero no ahogan. Aunque se ensañan con la Capital, pero nada más. Nuestro río, es una cuenca que recala en el vallecito arenoso e histórico y solo inunda cuando rebasa la muralla. Así que la ciudad a veces “chapalea”.
El pasado quizás, nos explique un poco lo que sucede. El Zahuapan, ordinariamente no es caudaloso, pero cuando recolecta tormentas en su trayecto desde Tlaxco, se convierte en preocupante. En el curso de los siglos, su vertiente se dibuja y desdibuja, acarreando bancos de arena que deposita en el vallecito de Tlaxcala; suelo arenoso, donde los altos edificios no son aconsejables.
Pero en la cercana Ciudad de México padecen como nunca –ciudad sobre zona lacustre– ahí, por estos días, las inundaciones son de diario. Qué bien que no se siguió el proyecto del aeropuerto de Texcoco, porque ya a ese lugar regresó el lago. Las torrenteras “guardan memoria”, cuando escurren saben por dónde y en dónde “anidarán”.
Octubre ya es helado; anticipo de un Todo Santos frío y de un invierno gélido. Pero en el mundo social tlaxcalteca y en su política de campanario, para unos individuos –en especial las tormentas– son de otro tipo, como la que ahora se abate sobre el ex munícipe de Tlatelulco que ya está encarcelado –qué bueno que se esté haciendo justicia también “en los bueyes de mi compadre”.
El discurso del sábado en la plancha del zócalo defeño ha impactado en círculos concéntricos y, por de pronto, se intenta justicia –pero falta tanto… tanto –porque una cosa es la fiesta de los quinientos y otra, que no pase desapercibido que el cabildo de Contla ahora confronta juicio político, por haber suspendido arbitrariamente a un presidente comunitario.
Con todo esto, don Gustavo Jiménez ya no duerme porque su pesadilla recurrente tiene “barrotes”. Ya vio cómo las barbas remojadas de un exvecino fueron recortadas. Su cachorro hace la lucha con el “compadre” para que la lumbre no les llegue a los pies y alcancen la impunidad.
Otras tormentas parciales de nube negra están sobre Tepeyanco y Chiautempan, municipios que carecen de fondos para pagar los laudos laborales por despidos burocráticos. Ya los alcanzó la justicia laboral y eso que la tramitología en el tribunal de arbitraje del Estado tarda años y felices meses –para que el justiciable se aburra y abandone. El estado –cualquiera que sea, municipal o estatal– es el peor de los patrones. Si tú estás “palanca”, todo bien, pero si tu padrino cae en desgracia entonces, te dan la patada y nadie llora –más que en tu casa. Pero otra tormenta, la confronta el nuevo órgano disciplinario del Poder Judicial –después de los abrazos, las felicitaciones y el estreno de instalaciones– ahora viene la chamba, ya que en los próximos seis meses deberán de resolver trescientas denuncias heredadas –a propósito claro, para ver “si algo cae”. La idea de la reforma judicial es lograr una justicia ágil y pronta, y eso se han propuesto. Pero no vaya usted a creer que alguno de ellos parará en “chirona”. Solo habrá amonestaciones, suspensiones y tal vez alguna destitución. –“Pobrecitos no sea que les vaya a doler”.
Como quiera que sea, hay esperanza en la justicia. Hay otra tormenta “chiquitita” –porque de ese tamaño es el sujeto– que se cierne sobre el otrora partidazo tricolor –ahora, remedo de oposición, egocéntrico, de visibles caciques, de ocurrencias y divisiones internas– ese, cuyo líder nacional padece verborrea incontinente y que solo se preocupa por sus intereses personales.
Pero aquí en Tlaxcala, la directiva tiene el encargo de cuidar la trinchera y la “plurinominal”. Por eso, a veces en sus críticas, se portan “descafeinados”, para no hacer enojar al poder estatal. Ya casi no tienen militantes y su “club de cuates” que se reúne, resguarda intereses personales. Su estructura estatal se ha venido al suelo.
Pero regresando las tormentas del cielo, justamente este miércoles se han reiniciado, aunque hay una –tormenta económica– que a todos nos pega y que es, la canija escasez de dinero en el bolsillo –“¿usted no traerá el mío, porque yo no tengo nada?”. Todos para subsistir requerimos un gasto continuo, pero la inflación no cesa y hasta los servicios de los municipios y de los estados están por las nubes.
Están voraces. Pero ni modo, aun así habrá que seguir porque en la situación actual, los únicos bolsillos de abundancia son los de los meros gallones –de municipales y diputados para arriba. Pero son personajes que deben cuidarse en lo que disponen acerca del presupuesto, para que a la postre no paren en el bote, calentando cemento.
Pero el partido morenazo se ha llenado de tanta rata que, si no ponen a funcionar las ratoneras, se van a complicar en la sucesión gubernamental. Pareciera que la limpia de la corrupción va enserio. Y lo peor es que, si usted mira al cielo, las nubes negras ahí están, porque unas descargan y otras llegan.