En el marco del Día Mundial del Agua, autoridades estatales y federales destacaron la participación social como eje clave para garantizar la conservación del agua y fortalecer acciones comunitarias en la cuenca del Atoyac
El Gobierno del Estado pondrá en marcha un mecanismo inédito para atender delitos como abigeato, robo de maquinaria y daños a infraestructura, mediante coordinación con autoridades federales y productores
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¡Ya la tierra desde siempre es mercancía..., igual su riqueza mineral!. Y con los neoliberales el turno es ahora del agua para el consumo humano, con ella se están amasando escandalosas fortunas. Se trata de un bien escaso, comparado con los volúmenes oceánicos. Pero su abuso la está contaminando.
Como todo bien escaso, en el mercado eso la encarece. La población mundial ha incrementado y con ella, la necesidad del agua que es condicionante de la vida animal –somos animales racionales– sin ella, estamos condenados a la extinción. Por eso los especuladores la han convertido en mercancía. –Sueñan con hacer lo mismo con el aire y el día que lo logren, que el destino nos agarre confesados, porque quedaríamos en manos de la canalla del planeta.
VA OTRA, aunque las playas mexicanas “son de todos”, no todos accedemos a ellas. La alimentación que proviene del mar, no a todas las mesas llega, pues es muy costosa. Pero con el agua se excedieron. –Los coyotes hídricos hacen su agosto–, hay en el horizonte ahora una nueva ley para regular este problema y meter en cintura a los “Barones del agua” –acaparadores, especuladores, hambreadores–, que surten lagos artificiales, campos de golf y revenden pipas. Su agricultura de exportación, alimenta a “los de allá” de la frontera, las sobras son para los “de acá”.
Los gobiernos anteriores regalaron quinientos treinta y seis mil títulos –que explotan sin pagar un quinto– los que se dicen “beneficiados”. Afirman que la dedican a la agricultura, pero la han convertido en mercancía de lucro. Se legisla ahora una nueva ley que regulará ese “mercado negro” y los privilegiados reaccionan subsidiando a marchistas que cierran carreteras –los hemos visto últimamente—, esa legislación debe aprobarse para castigar a los que trafican con el agua, a quienes exprimen con la sobreexplotación los mantos subterráneos y dejan a las comunidades cercanas sin agua.
En Chihuahua, la familia Le Barón –menonitas gringos que aquí se asentaron– han hecho de la agricultura su mina de oro líquido. Se infiltraron en el gobierno estatal, colocaron a familiares en puestos clave en donde se decide el destino del agua y ahora se la auto otorgan. Cavaron pozos clandestinos, armaron guardias blancas y sicarios, ya han secado infinidad de “ríos subterráneos”. No cantan nuestro himno ni honran a la bandera de México.
Recordemos que, en el siglo XVIII, México perdió a Texas porque los colonos gringos se asentaron ahí con un permiso, luego se declararon independientes y más tarde se sumaron a EU y así despojaron a nuestra nación de una enorme y rica superficie, con increíbles mantos de petróleo y de un potencial agropecuario enorme.
Pues los poderosos Le Barón, ahora subsidian marchas y cierres de carreteras que afectan a la sociedad entera. Por eso, es inaplazable el justo control de la riqueza hídrica, que se legisle con esa nueva ley que a nadie despoja y en cambio hace justicia social para los pequeños productores. En Sinaloa con “mares” de agua se riegan las cosechas que van para EU y lo mismo hacen los limoneros y aguacateros de Michoacán.
En Tlaxcala, por el rumbo de Cuapiaxtla, se están levantando enormes invernaderos, preludio de una agricultura tecnificada con riego para la exportación. En Apizaquito, desde hace mucho, la refresquera de “la chispa de la vida” se beneficia de las caudalosas avenidas subterráneas que bajan de la Malinche.
El “ojito de agua” que conocimos ha disminuido su contenido en cambio, no cesan de salir trailers cargados de garrafones de agua que, además, la saborizan, tiñen de negro, le ponen marca embotellada y nos envenenan con ella –se consume más que la leche y el pan.
¡No!, esto no puede seguir, el agua que nutre el organismo humano y nos da vida no es mercancía. Bendita aquella época en que teníamos pozo en el patio de la casa y con cubeta y lazo subíamos el agua para el consumo de la casa, y si caminando por la calle nos daba sed, en cualquier casa nos obsequiaban para tomar, pero ahora, vale doce pesos el medio litro -la leche en Huamantla vale catorce el litro-, pero además, esa agua ya está desnaturalizada, impregnada de micro plásticos, de sabor insípido que para nada se parece a la frescura que se conserva en los “patitos de barro bruñido” de San Sebastián Atlahapa.
¡No!, esto no puede seguir, el agua es del planeta y de la nación, y nosotros somos la nación tlaxcalteca; se debe poner un hasta aquí a los “Barones” que se enriquecen del agua como beneficio neoliberal. Concesiones gratuitas que amasan fortunas. Tanto, que ahora con la nueva legislación, al ver amenazada su mina de oro líquido, alientan y subsidian la violencia en carreteras.