Diputados también abordaron una iniciativa para cambio de identidad de género en menores de edad, regulación de remanentes presupuestarios y fortalecer normativa del espectro autista
La gobernadora encabezó la instalación del Comité del Subsistema Estatal de Transparencia para impulsar decisiones más eficaces y resultados tangibles para la población
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¡Enero, complicado y frío, festivo y agorero!... cuando las lluvias del año pasado, se dijo que así vendrían de intensos los fríos. El pronóstico fue certero. Ahora vivimos temperaturas muy bajas, aunque no las que pronostican para los estados sureños de EE. UU. en los próximos días. Pero con el frío -de compañero nocturno- se concilia mejor el sueño.
Nos abrigamos mucho porque el frío en la cama nos obliga a la inmovilidad para que el cuerpo ahorre energía, y el sueño llega solo. Somos gente de la baja montaña, pero ahora circulamos por las calles con ropa térmica y enchamarrados. ¡Nada que sea de este mundo! ¡Enero frío y festivo! Pero con frío o sin él, esta tierra del comercio y de los sarape -¡más comercio que sarapes!- ha iniciado ya la calendárica presencia de las costumbres tan propias, como son los moles prietos. Ximentla fue el primer barrio; el veinte será San Onofre, y seguirán los demás. Son festejos que ocupan el quehacer de mucha gente sin sueldo, y en él cada participante ya sabe su oficio y no espera invitación, ya que concurre por tradición.
Enero también es conocido por la “cuesta” económica -y vaya que cuesta-, el comercio decembrino sube sus precios y ya no los baja. Pero ahora la economía esta deprimida y la vida debe seguir. Aunque poco, pero debemos comprar para el diario consumo.
En Chiautempan ya se desmantelan los millares de luces que abrillantaron la noche navideña y la de fin de año. Hermosos castillos de portada y uno fantástico de ensueño. Costeados por la marca de cobertores de fama nacional. Mucha gente visitó este esplendor; pero ahora las luces ya se apagaron y, con este frío y el escaso dinero, la cuesta de enero pesa más.
Las calles están desoladas y frías por la noche y la mañana; pero las madrugadas son tan heladas que seguramente los rateros no salen a “chambear”. En este enero, algunas comunidades ya se preparan por si tienen que recibir a los expulsados de EE. UU. Si eso sucede, no creo que el mundo se acabe, porque allá aprendieron a trabajar en lo urbano y en el campo, y traerán conocimientos novedosos que aportarán a la agricultura y a la economía.
Ya es tiempo de que Tlaxcala y México se titulen de adulto y atiendan personalmente su destino. Alguna vez habremos de ya no depender del billete verde; así es que, como a un niño que se le suelta de la mano, tenemos que aprender a ser autónomos y eso será benéfico. Costará, ¡sí! Pero deberá hacerse.
En este enero venimos de un diciembre bien “tragados” y “bebidos”, por ello conviene dar tregua a nuestros intestinos, y desintoxicarnos por nuestro bien corporal. En estos meses se registraron bastantes defunciones –en carretera y a domicilio-, la parca no descansa, está llenando el camposanto -¡enero y febrero, desviejadero!-, ¡toco madera!... ¡a mí no me veas “maldita calaca”, pasa de frente!... pero ni modo, muchos han perdido a sus seres queridos y además abundan las enfermedades respiratorias.
Enero de rosca de reyes y febrero de tamales de La Candelaria. Se aproxima el catorce –¡día del amor y la amistad!-. El comercio ya afila sus “uñotas” pensando en las ganancias por la venta de regalos. Aunque el obsequio más deseado sea el amor verdadero, que perdure y no traicione.
Enero es también agorero, de cabañuelas que pronostican. Se dice que los antiguos asirios y babilonios, griegos y romanos las conocían y los guiaban en sus cultivos. En Tlaxcala debemos regresar a nuestras raíces campesinas. Hay muchas tierras desatendidas. Necesitamos comer maíz limpio, sabroso, con frijoles y calabacitas criollas.
El dilema de nuestra alimentación es un problema que no admite retrasos, porque conservadores y enlatados nos están dañando. ¡Ah!, pero también hay que “felicitar” a los genios de las finanzas y del Registro Civil estatal, porque pusieron en práctica un sistema recaudatorio que impunemente le roba al causante. ¡Vea usted si no tengo razón!, antes de esa “genialidad” de reforma fiscal, inscribir una sentencia de divorcio costaba cuatrocientos pesos, pero ahora toda la tramitación, pagos, obtención de documentos, dictámenes, cuesta arriba de ocho mil pesos.
El tráfico mercantil de compraventa de inmuebles se está deteniendo –si no me quiere creer, pregunte a los notarios- por los impuestos tan elevados que hay que pagar y que son un verdadero atraco. Yo sé bien que a ningún recaudador “gallón” le calará este comentario, pero de veras que se les paso la mano.
Además, los burócratas de ventanilla disfrutan como nunca, escupiendo en la cara a quien tramita: “faltan tales documentos”, “deben ser certificados”, “ya venció su vigencia”, “son dos mil pesos y deben pagarse hoy”, y así hasta el infinito. Si queremos que algo se embrolle y dificulte, se le encarga a la burocracia; si queremos que el tráfico urbano sea imposible, hay que poner semáforos y policías de tránsito.
Yo le sugiero a quien desde las altas esferas -allá donde se mueve la “tenebra” del poder político tlaxcalteca-, que, al concertar componendas, procuren que esto se solucione, porque están incubando un profundo malestar social, que no se resolverá ni con el embarazo de más urnas electorales ni con más policía y patrullas. Porque tendrán el poder, pero no la simpatía del pueblo tlaxcalteca.