Transcurrieron en armonía y con civilidad los momentos institucionales y constitucionales del informe gubernamental, la rendición de cuentas en los ayuntamientos y la transformación en el Poder Judicial e inicia el quinto año sexenal de David Monreal Ávila bajo una sensible percepción de pacificación y estabilidad, es de suponerse un vigoroso empoderamiento del Ejecutivo, pero es de notarse un endeble gabinete, corpulento pero frágil, que no funciona a la altura del liderazgo monrealista y no responde a las exigencias del pueblo y menos soportan el más responsable y profesional análisis de efectividad a través de resultados tangibles y de bienestar social.
En diversas agrupaciones y sectores de la sociedad las expectativas estaban y están enfocadas en cambios y relevos tras el contundente informe del 8 de septiembre y proliferan manifestaciones de descontento, frustración, dudas e insatisfacción, situaciones en riesgo de caer en la irresponsable morosidad que impida la consolidación de las transformaciones que el gobernante se ha planteado hacia un exitoso cierre en 2027, suficiente para garantizar que su partido y aliados refrenden la continuidad del proceso de construcción del segundo piso de la cuarta transformación que lidera la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo.
Iniciado el quinto año de gobierno, las expectativas sociales acerca de los cambios, se disipan; aunque hay innegables razones, argumentos y críticas a funcionarios, que según la opinión ciudadana, le han fallado a Zacatecas y con ineptitudes, incapacidad y deslealtades han traicionado a David Monreal, de hecho se convierten en los autores de otro retroceso y más estancamiento del estado, para sumarse a los 30 años de atraso que se sufren y que desde el poder han llamado la herencia maldita. Y, no lo quieren creer ni aceptar, pero el voto del 2027 de la sucesión gubernamental, adquirirá un doble sentido, reafirmación en el poder de la cuarta transformación o nueva y poderosa alternancia.
Serán dos años de hiperactivismo electoral, los actores y protagonistas con aspiraciones incontenibles e imparables, ya cargan el ambiente de confrontación, descalificaciones, división y confusión, algunos con ambiciones y obsesiones de poder, dispuestos a transitar hacia una nueva normalidad democrática y verlos y observarlas en su convicción y determinación, no parecen asumir conductas que con la sociedad se construyan cambios pacíficos y democráticos, en una atmósfera cultural de convivencia plural y búsqueda de la unidad, y por cambios para fortalecer al estado y los municipio y no para debilitarlos y excluirlos por ser política e ideológicamente diferentes.
Bajo este escenario, los gobiernos, las fuerzas políticas y los ciudadanos desde la sociedad, están obligados a un comportamiento de prudente civilidad, porque de las nuevas instituciones electorales y del renovado Poder Judicial e incluso de los medios de comunicación y de las crecientes y combativas organizaciones sociales que irrumpen con tremenda potencialidad a la competencia por el poder, mucho dependerá la viabilidad de Zacatecas hacia una normalidad democrática que relance su fuerza colectiva para recuperar el crecimiento y desarrollo o de lo contrario los zacatecanos permanecerán en medio de la espiral de violencia, desconfianza e inestabilidad.