Zacatecas transfiere al IMSS-Bienestar 4,312 plazas en abril, sumando casi seis mil empleos y varios hospitales en el proceso de federalización de salud.
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Por allá en la Ciudad de México a los que desgobiernan por esos lares se les ha ocurrido otra barrabasada más, propia de las políticas de los países más comunistoides (solo en teoría, porque en la práctica personal practican el capitalismo más rapaz): la llamada Ley de Rentas “Justas” (no es broma, es real).
La propuesta, dicen aquellos aprendices de Fidelito y Huguito, tiene por objetivo principal frenar el aumento desmedido en los costos de alquiler de viviendas y proteger a los inquilinos. Patrañas, pues. Esta intención incluye una serie de reformas al Código Civil y a la Ley de Vivienda que pone un tope al aumento de la renta (este aumento no podrá ser superior a la inflación reportada por el Banco de México en el año anterior), el registro digital de contratos de arrendamiento (sin lo cual no tendrían validez jurídica), la producción pública de vivienda para alquiler (ya saben el negocio subyacente en estos supuestos) y el combate a la gentrificación y la expulsión de inquilinos que no puedan pagar las nuevas rentas. Los agoreros de esta reforma juran y perjuran, y concomitantemente se desgarran las vestiduras en el intento, pregonando que su intención es transformar la vivienda con la finalidad de que no se le siga viendo como una mercancía especulativa a ser garantizada como un derecho humano.
Lo que nunca van a decir estos pitonisos de arrabal es que esta Ley de Rentas “Justas”, y en general, toda aquella legislación que pretenda un control de precios por decreto en un mercado capitalista, genera efectos secundarios contraproducentes totalmente opuestos a los objetivos pretendidos.
Por ejemplo, el control de precios por decreto, en este caso, desincentiva la inversión privada en bienes raíces, lo que trae como consecuencia directa una reducción significativa de la oferta de vivienda (escasez de la misma) con un aumento significativo del precio de los inmuebles y el consecuente aumento del precio de la renta. Consecuencia final: sí, se jode el inquilino.
Otro efecto negativo es el deterioro del parque habitacional, pues si los propietarios no pueden subir la renta según el mercado, es muy probable que dejen de invertir en mantenimiento, con lo que la calidad de la vivienda existente disminuye por el deterioro de los edificios. Consecuencia final: sí, se jode el inquilino.
En este contexto también surgen mercados negros e informales de vivienda (los propietarios exigen pagos por afuera, depósitos exorbitantes, cuotas de mantenimiento infladas o garantías inalcanzables), se discrimina en la selección de los inquilinos (se renta sólo a los de perfiles financieros impecables o con garantías excesivas), y se distorsionan los precios de viviendas nuevas (los desarrolladores inflan estos precios de salida para protegerse de las restricciones futuras de aumentos a la renta). Consecuencia final: sí, se jode el inquilino.
Los expertos mencionan que el problema de la CDMX es la falta de oferta de vivienda (por eso es cara) no el exceso de monto de las rentas (una consecuencia de la ley de la oferta y la demanda). Pero no, allá, estos individuos son peritos en descomponer lo que medio funciona.