Análisismiércoles, 19 de noviembre de 2025
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Las marchas del 15 de noviembre en Querétaro fueron una muestra de que la ciudadanía puede levantar la voz sin recurrir a la violencia y es que en Querétaro, normalmente las cosas son así. Cerca de seis mil personas, familias completas, jóvenes y colectivos tomaron las calles con una sola exigencia: un México más justo y en paz; fue la marcha de la generación Z convocados por el Movimiento del Sombrero, los contingentes partieron de distintos puntos, pero coincidieron en el mensaje: basta de impunidad y de miedo.
La jornada destacó por su orden, su tono cívico y la ausencia de incidentes; contrario y lamentablemente al contexto nacional donde las manifestaciones se tornaron tensas, Querétaro demostró que la fuerza social puede expresarse con respeto. Las prendas blancas, los carteles con nombres de víctimas y las consignas por la paz marcaron el ritmo de una movilización que más que confrontar, buscó unir y el ejercicio exige precisamente la no violencia y no partidizar.
El gobernador Mauricio Kuri reconoció que este tipo de marchas deben asumirse como un llamado de atención para todos, porque más allá de las diferencias políticas o ideológicas, el mensaje de la sociedad es contundente: la inseguridad es un problema que no distingue colores ni fronteras, y exige respuestas reales. En Querétaro, las autoridades se comprometieron a mantener el diálogo y redoblar esfuerzos por conservar la paz social, algo que sigue siendo uno de los mayores activos del estado.
El saldo blanco fue una señal de madurez cívica; mientras el país enfrenta episodios de violencia cotidiana, aquí la gente optó por la razón sobre la rabia, por la palabra sin confrontación; no hay que dejar pasar de largo que cuando una sociedad se organiza y exige con respeto, sus demandas se escuchan más fuerte.
Parece que la alcaldesa de Cadereyta, Astrid Ortega, vive con la idea de que tomando el control del servicio de agua potable el problema se resuelve por decreto, como si fuera un tema de administración y no de realidad de la naturaleza. El agua no aparece por voluntad política: el semidesierto enfrenta estrés hídrico, sobreexplotación y una disponibilidad cada vez más limitada; fiel al estilo populista lo que anda haciendo es vender ilusiones en tiempos preelectorales.