Según los primeros reportes, los agresores descendieron de un vehículo y uno de ellos realizó al menos un disparo con un arma calibre .380 contra la víctima
La dependencia informó que estas nueve clausuras derivaron de 321 revisiones efectuadas al mismo número de establecimientos en cuatro municipios de la entidad
La interacción del frente frío 40 y la Cuarta Tormenta Invernal provocará ráfagas de hasta 75 km/h, descenso de temperatura en zonas serranas y probabilidad de lluvias en varias regiones del estado
La Comisión de Feminicidio del Congreso de Chihuahua evaluará la inclusión de la legítima defensa en casos de violencia de género en el Código Penal, siguiendo la Ley Alina que protege a mujeres víctimas de maltrato
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Cormac McCarthy publicó su libro Meridiano de sangre en el año 1985, en él, relata la historia de un grupo de mercenarios norteamericanos que, en 1849, contratados por el entonces gobernador de Chihuahua, se dedican a matar indígenas con la finalidad de recolectar sus cabelleras y exterminarlos. Mientras se desarrolla la historia, somos testigos de cómo la degradación es cada vez más evidente y la violencia se sobrepone a cualquier aire de esperanza o bondad que pudiera rondar estas desérticas tierras. Lo que inicia como una expedición paramilitar pagada por las autoridades, termina siendo un cruel recordatorio de que cuando no se establecen ni se cumplen las leyes, ante el horror vacui, todo se llena con la ley de la selva.
Justo un año antes de cuando se desarrolla la novela de McCarthy, el 2 de febrero de 1848, México y Estados Unidos con el fin de terminar la guerra entre ambos países, suscribieron el Tratado Guadalupe-Hidalgo por medio del cual nuestro país cedió los estados de California, Arizona, Nuevo México, Texas, Nevada, Utah y partes de Colorado, Wyoming, Kansas y Oklahoma.
De esta manera, ante la perdida de la guerra y de dichos territorios, aparecieron movimientos nacionalistas que cuestionaron el tratado. En San Luis Potosí, por ejemplo, surgió la rebelión de Sierra Gorda, donde participó un hacendado de nombre Manuel Verástegui, quién fue señalado como el ideólogo detrás del movimiento armado y como redactor del plan en el que se apoyó la mencionada insurrección. Luego de ser encarcelado Verástegui, el entonces gobernador de San Luis Potosí, ordenó liberarlo, condicionándolo a sufrir el destierro.
Inconforme, Verástegui promovió un juicio de amparo contra dicha decisión ante el Juzgado Único del Distrito de San Luis Potosí. El 13 de agosto de 1849, un juez provisional llamado Pedro Sámano determinó que la orden de destierro vulneraba las garantías individuales (así se les mal llamaba entonces) previstas en la Constitución y revocó dicha orden.
En lo que fue la primera sentencia de amparo en la historia de México, Sámano le otorgó la protección de la justicia federal a Verástegui y la argumentación estriba en que la orden de destierro no era consecuencia de ningún juicio y el pronunciamiento lo había expedido el Poder Ejecutivo del Estado, cuando debería haber sido una sentencia emitida por el Poder Judicial, al tratarse de una pena.
Volviendo al libro de McCarthy, uno de los personajes más enigmáticos y perversos lo encontramos en la figura de “El Juez” un tipo que casi no duerme, es violento, cruel y afirma que nunca morirá. Sirviendo de guía moral de los mercenarios norteamericanos, nos muestra cómo es necesario que existan contrapesos para contrarrestar la barbarie de grupos delincuenciales y en ocasiones hasta del propio Estado. El amparo precisamente nació para proteger a la Constitución y a las personas ante las autoridades, no dejemos que se convierta en un medio para proteger solo a estas últimas.