Análisisjueves, 9 de febrero de 2017
El bautismo trinitario
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Si alguna vez se han encontrado con alguien que les ha dicho que el bautismo en nombre de la Santísima Trinidad es inválido, y que la forma correcta de hacerlo es en el nombre de Jesús solamente, es que es alguien de tendencia unitaria (Iglesia Pentecostal Unida, Iglesia Pentecostal del Nombre de Jesús, la megasecta de Guadalajara, La Luz del Mundo, etc., y son conocidos coloquialmente como los “Sólo Jesús”). Esta corriente ha adoptado una herejía antigua (modalismo) representada por el sabelianismo o unitarismo al creer que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son la misma persona divina que se manifiesta de formas distintas.
De hecho, dos veces en la Biblia vemos la expresión “bautizar en el nombre de Jesucristo” (Hechos 2,38 y 10,48) y otras dos “bautizar en el nombre de Jesús” (Hechos 8,16 y 19,5). Pero en ninguna de estas citas se está dando la fórmula para el bautismo, porque se refieren al bautismo que Cristo instituyó (y no al bautismo de Juan, por ejemplo). No cabe duda que la única forma aceptable para el bautismo es con las palabras en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, porque es Jesucristo mismo quien nos lo indica (Mateo 28,19).
Siendo palabras de él, es inútil darle más vueltas al asunto. Según el apologista José Miguel Arráiz, lo más fácil para los unitarios sería decir que la expresión “Bautícenlos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo” es una corrupción del texto original basándose en los escritos de Eusebio de Cesárea, notable historiador de la Iglesia del siglo IV, aunque la costumbre antigua acostumbrara citar la Escritura de forma no textual. En cambio, en la totalidad de los textos bíblicos más antiguos sí se lee la fórmula trinitaria completa.
La evidencia patrística de los escritores cristianos primitivos más antiguos y muy anteriores a Eusebio muestran que citaron Mateo 28,19 y lo hicieron utilizando la formula trinitaria. Podríamos mencionar entre ellos: La Didaché (años 65-80 d.C.), estrictamente dentro de la época apostólica: “Bautizad en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” (7,1-4); San Justino Mártir (años 100–168 d.C.) en su Apología I,16; San Ireneo de Lyon (años 130–202 d.C.) en Adversus Haereses, III, 17, 1; Tertuliano (160-220 d.C.) en Sobre el bautismo, 13, etc.
Aunque personajes como san Ambrosio en su De Spiritu Sancto 1, 3, 42 hayan creído que el bautismo en nombre de Jesús era válido (en ese momento como en la antigüedad cristiana) mientras no se negase ninguna de las divinas personas y se confesase de corazón toda la Trinidad, el eco de su opinión en la Iglesia fue minoritario y la Tradición mayoritaria exigió como válido sólo el bautismo en nombre de la Santísima Trinidad: Concilio de Arles (año 314), Concilio Romano (382), los papas San Inocencio I (401-417), Pelagio I (año 556-561), etc.
Se puede apreciar, como diría José Miguel Arráiz, que queda claro, incluso entre aquellos que sostuvieron que podía llegar a ser válido bautizar sólo en nombre de Jesús, que era necesaria la profesión de una fe trinitaria íntegra, y que esta validez no aplica para las personas adheridas a las denominaciones unitarias. La fórmula trinitaria se convertiría, de este modo, en una barrera adicional poderosa frente a una indolencia doctrinal demasiado flexible.