El sistema consumista en el que vivimos nos bombardea con el mensaje de que “es mejor recibir que dar”: la mayoría de las publicidades muestran a alguien feliz cuando ha sido beneficiado con un sorteo, o una persona que recibe un regalo. Rara vez se muestra la alegría del que da. Según el pensamiento de Dios es todo lo contrario: “Es más bienaventurado dar que recibir” (Hechos 20:35).
Dar no siempre tiene que ver con dinero; a veces es más necesario dar nuestro: tiempo, afecto, talento, capacidad, atención, sabiduría, contactos, etc. Nos damos cuenta inmediatamente cuando alguien batalla con la avaricia porque se le ve en su rostro la tristeza de no poder ser generoso. También podemos distinguir al que ha aprendido a ser generoso pues es inmensamente más feliz.
Muchas de las dádivas que hacemos están disociadas de nuestra persona: por ejemplo, cuando le damos a nuestros hijos algún regalo pero no va “nuestra persona” con él. Solamente lo hacemos para acallar nuestra conciencia o compensar nuestra ausencia. La historia de Caín y Abel nos enseña acerca de este principio: No seamos como Caín que, por ser del maligno, asesinó a su hermano. ¿Y por qué lo hizo? Porque sus propias obras eran malas, y las de su hermano justas. (1 Juan 3:12 NVI)
En este pasaje encontramos la respuesta a la pregunta del montón ¿por qué Dios no aceptó la ofrenda de Caín? No fue tanto porque era de un producto agrícola, mientras que la de su hermano Abel era de ganado, sino porque “sus obras eran malas”, no era íntegro, quería sobornar a Dios. “La integridad del dar se mide por la integridad del andar”. Cualquier acto de generosidad que no sea de corazón suena a “soborno”. Cuando damos con interés no estamos siendo íntegros. Damos para recibir algo a cambio, damos basados en una especie de transacción. Damos para luego cobrarnos un favor. Cuando damos debemos asegurarnos de dar con integridad.
Si queremos aprender a dar, debemos voltear al cielo. Dios es generoso por naturaleza: Pero yo les digo: Amen a sus enemigos, y oren por quienes los persiguen. [28] Así ustedes serán hijos de su Padre que está en el cielo; pues él hace que su sol salga sobre malos y buenos, y manda la lluvia sobre justos e injustos. (Mateo 5:44,45 DHH) Nuestra generosidad es la expresión manifiesta más elocuente del carácter de Dios.