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Este mes será determinante para la relación entre México y Estados Unidos, ya que el presidente del vecino país sigue hablando en torno a lo que él considera deberá hacerse para combatir a los grupos del crimen organizado, que ingresan drogas hacia esa nación; y luego de lo que ocurrió en Venezuela, lo que más debe considerar el gobierno de Claudia Sheinbaum, es tomar en serio las declaraciones del magnate, cuando aseguró en una entrevista que ingresaría a suelo mexicano vía terrestre. Si bien la titular del Ejecutivo reaccionó girando instrucciones al canciller, lo ideal es que tenga una comunicación, si bien no urgente pero sí necesaria, con su homólogo del norte, pues un tema de esta naturaleza se trata entre “iguales”, y no con quien se encarga de la política exterior, y no porque Juan Ramón de la Fuente no tenga la capacidad, simplemente porque son asuntos que se tratan únicamente entre los presidentes.
Si bien la nueva estrategia de Sheinbaum Pardo, en materia de seguridad, ha dado mejores resultados que la de su antecesor, parece que ello no ha sido una buena “tarjeta de presentación” ante Donald Trump, pues por más que Omar García Harfuch haya mencionado a finales de la semana pasada, todo lo que se está haciendo para combatir a los grupos criminales, como el desmantelamiento de algo así como mil 900 narcolaboratorios en lo que de esta administración, y la detención del algunos objetivos prioritarios para las autoridades, me parece que esto no ha sido suficiente para hacerle saber a nuestro vecino del norte que sí hay trabajo interno, y que no requerimos la “ayuda” de nadie. El problema es que el magnate ya fijó su postura y difícilmente cambiará su narrativa, máxime porque ya dejó en claro que podrá hacer lo que considere sin tener repercusiones ante las instancias internacionales como la ONU.
En febrero y marzo del año pasado, el Senado de la República autorizó el ingreso de 10 y 155 marines estadounidenses, respectivamente, a fin de que llevaran a cabo algunas capacitaciones a loe elementos castrenses mexicanos, pero más allá de esto no existe alguna otra autorización al respecto. El problema es que estas amenazas de Donald Trump, y si decide llevar a cabo su plan, dese luego que la autorización de la Cámara Alta del Congreso de la Unión no le importará mucho, y por más que se condenen las amenazas o las posibles actividades militares extranjeras en México, la decisión de los legisladores no terminará siendo fundamental. Claro que no se aplaude que se pretenda violentar la soberanía de nuestro país, el asunto es que el manejo interno no puede tomarse a la ligera, y será la Presidenta quien pueda llegar a los acuerdos necesarios.
Recordemos también que en el mes de noviembre de este año, se habrán de realizar las elecciones intermedias en Estados Unidos, donde estará en juego la Cámara de Representantes, así como una tercera parte del Senado y algunos gobernadores y congresos estatales; en este sentido las declaraciones del magnate en torno a nuestro país, también van muy ligadas a este proceso electoral, pues el mismo Donald Trump ha reconocido que si el Partido Republicano pierde la mayoría en el legislativo, será “sometido” por el ala demócrata. Tanto lo que hizo con Venezuela y estas amenazas a nuestro país, desde luego podrían redituarle políticamente, y creo que su decisión de entrar a México dependerá en gran medida de los resultados que vaya teniendo en sus propios mediciones, si todo esto es bien visto por los estadounidenses, desde luego actuará, y ello implicaría un posible triunfo republicano.
Creo que es momento de que como mexicanos respaldemos las decisiones que se tomen desde Palacio Nacional, pues si bien la oposición podrá querer sacarle “raja” política a estas amenazas, creo que lo primero que debemos buscar es ese respeto a la soberanía, a pesar de lo que cada quien considere que se deba hacer con los grupos del crimen organizado, porque nunca será bueno aplaudir que se aplique la “ley del más fuerte”.