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La historia política en México nos ha dejado varias lecciones, entre ellas, el hecho de que el “poder es para ejercerse”, y así hemos sido testigos con cada renovación de la Presidencia de la República, pues en épocas de designación del sucesor de Palacio Nacional, todos son “amigos” o “cercanos” al Ejecutivo, con el propósito de recibir la “bendición”; el problema es cuando llega un nuevo estilo de gobernar, y así quedó de manifiesto durante la época de la hegemonía del Revolucionario Institucional, donde prácticamente nunca se vio una continuidad transexenal en cuanto a las políticas públicas. Hoy parece que eso que creíamos sería diferente con Claudia Sheinbaum, está resultando en que no es así, pues podemos estar frente a una tendencia que cada vez parece más irreversible, y podríamos regresar a esta “tradición” muy arraigada en el ejercicio del poder.
Y es que los mensajes que ha enviado la Presidenta, Claudia Sheinbaum, por lo menos así lo dejan de manifiesto, y si bien no se puede aún hablar de una división en Morena, creo que esto podría ser el principio, vaya, es algo normal y sano que exista un desmarque. El primer mensaje fue el tema del Senador Adán Augusto, y los señalamientos que hay en su contra por la designación como secretario de seguridad de Tabasco, de una persona ligado a grupos criminales. El tema es que la “inquilina” de Palacio Nacional sabía del caso antes de que saliera a la luz pública, conociendo quizá lo que ello implicaría, pues el tabasqueño es uno de los personajes más ligados a Andrés Manuel López Obrador, y el “manotazo” que da sobre el escritorio no es cosa menor, pues los “reflectores” sociales se han enfocado en uno de los hijos políticos del expresidente.
Ayer Sheinbaum Pardo fue cuestionada, en su conferencia mañanera, de las imágenes que se filtraron donde se ve a Andrés Manuel López Beltrán en Tokio, Japón, y puntualizó lo que ha venido diciendo, “el poder se ejerce con humildad”, si bien aquí se engloba a todos los morenistas que han viajado al extranjero, como el caso de Mario Delgado, Ricardo Monreal y Enrique Vázquez, lo de “Andy” se convierte en algo especial, pues se trata del hijo del líder de la Cuarta Transformación, y evidentemente la titular del Ejecutivo se refirió a él. Quiero pensar que esto no fue del agrado de López Obrador, pero en honor a la verdad la Presidenta pregona con el ejemplo, y ella ejerce el poder a su manera, les guste o no a los grupos al interior del morenismo o de la propia administración federal, y por obligación, o simplemente por disciplina, todos tendrían que acatar lo que ella señala; así de simple.
Quien pasó un rato amargo ayer en la conferencia, fue el secretario de educación en el país, Mario Delgado, pues primero fue cuestionado por el viaje que hizo a Portugal, y en solo siete segundos respondió que fue con sus recursos y que nunca descuidó sus funciones; y más adelante vino este “jalón de orejas” de Claudia Sheinbaum y se tuvo que poner el “saco”, pues fue uno de los “viajeros”. En el caso de los funcionarios federales, de todos los niveles, es todavía más especial, pues la desobediencia debe salir de su diccionario mientras su jefa fije la postura del actuar, si ella dice que es un mal mensaje para el pueblo, así se debe de tomar, aunque el titular de educación se escude en la cercanía que tiene con el expresidente, vamos, si se sentía “intocable”, ayer se evidenció lo contrario.
Insisto en que es muy temprano para asegurar que hay una división total al interior del morenismo, pues la oposición seguro está esperando eso, porque por sí solos no han podido contrarrestar la política cuatroteísta. Pero sí debe quedar claro que “pintar una línea” entre una administración y otra es bueno, aunque sea una tradición histórica. La falta de congruencia por parte de algunos legisladores y funcionarios no debe permitirse, son malos mensajes a la sociedad, pues se está cayendo en las mismas prácticas que por años se vivieron cuando el PRI y el PAN gobernaron, y supongo que en Morena no desean llegar a esos extremos.