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Análisismiércoles, 14 de junio de 2017

Siddartha Gautama

Meses más tarde, cuando la reina dio a luz, en lugar de sentir dolor, tuvo una maravillosa experiencia en la que se agarraba la rama de un árbol con la mano derecha y los dioses Brahma e Indra recogían al niño, que nacía de su costado.

Los dioses procedieron a venerar al infante y a ofrecerle abluciones.

Cuando su esposo el rey vio al niño, se llenó de alegría y sintió como si todos sus deseos se hubieran cumplido. Le puso el nombre de Siddharta y pidió a un brahmín que predijera el futuro del príncipe.

Su padre, el rajá, rey, Shudhodana, no quería que su hijo fuese un guía espiritual, así que confirió al príncipe una educación envidiable mientras vivía el lujo de la vida en palacio y se le protegía del conocimiento del mundo exterior.

Se casó joven con la princesa Yasodhara y tuvo un primogénito llamado Rahula.

Siddhartha anduvo errante seis años, meditando y aprendiendo de los más famosos maestros del norte de la India, con una admirable determinación por encontrar lo que sentía que le había faltado en su vida anterior.

Y desde entonces, comenzó un nuevo estilo de vida, que hoy siguen millones de personas en todo el mundo, basados en la búsqueda de la felicidad y en la erradicación del sufrimiento.

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