Disco duro / Retroceso de la libertad de expresión en las Américas
La radiografía regional confirma lo que muchos periodistas ya perciben en el trabajo cotidiano: más presiones políticas, más violencia, más intentos de control indirecto sobre los medios y más dificultades para garantizar el libre flujo de información.
El mapa que surge del índice es preocupante. Ocho países se encuentran en la franja de alta restricción: Ecuador, Bolivia, Honduras, Perú, México, Haití, Cuba y El Salvador. En la zona más grave, donde prácticamente no existe libertad de expresión, aparecen Nicaragua y Venezuela.
Si en el norte del continente el problema es la polarización, en buena parte de América Latina la situación combina debilidad institucional, violencia criminal y presión política. Es una tormenta perfecta para el periodismo.
El índice mide tres dimensiones: el derecho de los ciudadanos a informarse y expresarse, la actuación del Estado frente a la violencia contra periodistas y el grado de control —directo o indirecto— sobre los medios. En casi todas ellas se observan retrocesos.
Ese clima termina generando autocensura, que es la forma más silenciosa de censura.
El caso de México ilustra bien este problema. El país aparece dentro del grupo de alta restricción, una categoría que refleja una combinación peligrosa: violencia persistente contra periodistas, impunidad estructural y un ambiente político adverso para el ejercicio del periodismo crítico.
El resultado es un ecosistema informativo frágil: periodistas bajo amenaza, medios económicamente debilitados y audiencias cada vez más expuestas a la desinformación.
La libertad de expresión no suele perderse de golpe. Se erosiona lentamente, con pequeños retrocesos que parecen tolerables hasta que, de pronto, el espacio democrático se reduce.
El Índice Chapultepec vuelve a recordarlo: el continente que hace cuatro décadas celebraba la expansión de la democracia hoy enfrenta el desafío de defender algo que se daba por conquistado.
Y en esa batalla, el periodismo —para bien o para mal— sigue estando en la primera línea.
















