La mandataria aprovechó su intervención durante la entrega de apoyos económicos en Nayarit para respaldar el mensaje de López Obrador sobre continuar apoyando a Cuba
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Se acaba de publicar el libro ¿Por qué fallan las políticas educativas? Análisis del sexenio 2018-2024 (ANUIES) donde muestro que el pasado gobierno no logró cumplir 70 por ciento de los propósitos que se fijó en el Programa Sectorial de Educación y trató de explicar por qué. Las razones son al menos cuatro.
En primer lugar, se desplazó la noción de individuo para construir la de “pueblo”. Esto ocasionó que se perdiera la oportunidad de definir de manera coherente los problemas que realmente enfrentamos las personas. Bajo la idea del popolo, el líder definió qué es bueno, qué no y qué debe cambiar. Para convencernos que había llegado la transformación, reivindicó selectivamente a algunos actores a costa de aquellos que no votan: los niños. La eficiencia gubernamental perdió.
Segundo, asentados en un contexto de marcadas desigualdades, corrupción y “estatus social herido” (Sandel), los representantes gubernamentales asumieron una posición de “superioridad moral”. Se creyeron salvadores. En ello, cometieron el error de no mirar humildemente a su alrededor. Subestimaron los avances del sistema educativo, los cuales no sólo son resultado de un determinado gobierno, sino de la acción y participación de los diversos actores (madres y padres de familia, especialistas, organizaciones de la sociedad civil, prensa, empresariado, disidentes y opositores). La descalificación socavó el equilibrio de cooperación y mermó el carácter “público” de las políticas. Con ello, surgió un enfoque neogobiernista que ahora habrá que saber cómo analizar. Es tiempo de investigación educativa renovada.
Tercer factor: por la necesidad de controlar los mensajes en la esfera pública, se idearon potentes recursos de comunicación que protegían la causa política pero que complicaban el ejercicio diario del gobierno. Esto aún a costa de mentir de manera descarada y de meter en aprietos a las titulares de la SEP y sus equipos. Quien mandaba no era el interés público, sino la necesidad de mantenerse el poder a toda costa. Lo lograron. El “autosabotaje” sirvió, aunque no para la educación pública.
Cuarto y último factor: el reemplazo de la ética por la moral. El tipo de regímenes que estamos eligiendo en México y en distintas partes del mundo, son capaces de intercambiar valores fácilmente e incluso, de manera ingeniosa. Detrás de la coloquial expresión “me canso ganso”, hubo en realidad arbitrariedad no capacidad gubernativa. Con sonrisas, los mexicanos empezamos a relativizar y normalizar valores regresivos por una “razón populista”. El ejercicio autoritario de poder es ya viable porque está recubierto de “nobles” fines. No pocos universitarios creen y justifican la injerencia del gobierno en las universidades públicas, porque es para “democratizarlas” o “limpiarlas” de la corrupción.
El texto desea abrir la discusión y combatir la autoconfirmación. Los argumentos están abiertos a diálogo y refutación. Es necesario contrarrestar el miedo, la conveniencia material o la simple inclinación ideológica que produce tanto parcialidad como injusticia y desigualdad.
Por esto, agradezco a autoridades educativas y colegas investigadores que están organizando en los próximos días presentaciones en las ciudades de Tehuacán, Puebla; Monterrey, Nuevo Léon; Cuernavaca, Morelos; Xalapa, Veracruz; Pachuca, Hidalgo y en la CDMX. La UNAM y la Universidad Pedagógica Nacional nos recibirán en octubre. Ojalá puedan asistir o si desean adquirir el libro, escriban a: rebeca.menendez@anuies.mx Teléfono: 55 54 20 49 00 Extensión 4968.