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Análisisviernes, 10 de octubre de 2025

Hojas de papel / ¡Qué clase de tío, es este!

Ya hemos platicado aquí mismo la importancia afectiva de los abuelos en nuestras vidas, también como parte de nuestro núcleo familiar. Los abuelos son más amor y cariño que el dulce de fresas.

Y así la ruta feliz de la familia feliz. Padre-madre-hijos-abuelos… ¿nadamás?...

Por supuesto existe el factor humano y no todos los tíos son ese pan de marquesote de Tlacolula. No. Los hay también de difícil trato. O de inútil trato. Pero casi siempre son la excepción.

¿Nosotros somos tíos invisibles pero presentes? ¿Somos esos tíos amistosos, firmes, cariñosos y esenciales?

Todos tenemos tíos. O somos tíos. Ya cercanos, ya lejanos. Pero el término no sólo refiere a nuestra familiaridad consanguínea. También tiene otras acepciones, siempre cordiales…

“¡Mira nadamás qué tío tan bueno!” cuando se refiere uno a alguien buena onda. “¡Ese tío tiene cara de pocos amigos!” cuando se refiere a un tipo mala entraña.

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