Increpar o no increpar, esa es la cuestión
Me gustaba la conversación democrática que hubo en esta ciudad desde 1988 hasta que quedó sepultada bajo el discurso propagandístico del actual régimen. Me gustaba que, a fuerza de voces, se lograran cambios. Hoy, en cambio, nada parece modificar las decisiones que se toman desde arriba.
No es la primera figura destacada que ha sido increpada en los últimos años; de hecho, el fenómeno es cada vez más frecuente. Gerardo Fernández Noroña, Manuel Bartlett, Mario Delgado, Hugo López-Gatell, Arturo Zaldívar, entre otros, han pasado por situaciones similares.
No estamos ahí, al menos no todavía. Pero lo que sí resulta inaceptable es la normalización de la censura, de las disculpas forzadas y del uso selectivo del poder punitivo contra ciudadanos comunes. Una democracia no se mide por la ausencia de gritos, sino por su capacidad para tolerar la crítica.
















