A través de un pronunciamiento, la Comisión dice que “los casos de desapariciones forzadas cometidas por autoridades federales han venido descendiendo desde 2018, hasta prácticamente desaparecer”
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El 12 de noviembre de 2023, un partido político, de cuyo nombre no quiero acordarme, tuvo el registro de dos precandidaturas. La favorita de la dirigencia, encabezada por Samuel García, fue recibida por la plana mayor del partido. La de Indira Kempis, en cambio, no era esperada. En las fotos se notó la diferencia: de un lado, la plana mayor para apapachar al “Gobernator”; del otro lado, una mujer descalza, de ascendencia indígena, cargando un perro, sin nadie que la acompañara.
Lo que hizo Kempis, entonces senadora por Nuevo León, fue contundente: si vas a abrir tus candidaturas a la ciudadanía, tienes que estar dispuesto a que tus procesos sean realmente ciudadanos, y no una farsa respaldada por la dirigencia. Al final, de hecho, esa farsa terminó en otra candidatura, porque el delfín no pudo pedir licencia como gobernador de Nuevo León.
Acción Nacional acaba de anunciar no sólo que abre las candidaturas a la ciudadanía, sino que, cumpliendo requisitos básicos, las y los aspirantes ciudadanos podrán entrar a un proceso interno pero abierto, que terminará con una encuesta como método de selección. La apuesta es arriesgada y ambiciosa. Por supuesto, corren el riesgo de que ocurra lo mismo que en Movimiento Ciudadano: presumir ciudadanización cuando, en realidad, se mantienen decisiones cupulares.
Jorge Romero, principal impulsor de esta propuesta de ciudadanización y líder del Partido Acción Nacional, anticipa que no habrá cuotas para la dirigencia. Todas las candidaturas serán sometidas al mismo proceso. La instrumentación será compleja, puesto que hay alcaldes que pueden aspirar a la reelección: Alessandra Rojo de la Vega, Luis Mendoza y Carlos Orvañanos, en Ciudad de México, y porque habrá que mantener un equilibrio de género, como lo establecen las reglas de la Ciudad de México.
El proceso democrático es deseable para todos los partidos. La verticalidad fue lo que definió al Partido RevolucionarioInstitucional en sus años dorados. Morena ha buscado definir sus candidaturas a través de encuestas, pero cuando quiere que alguien más gane recurre a métodos extraños: incrementar la ponderación de ciertas secciones electorales o, de plano, como ocurrió con Clara Brugada frente a Omar García Harfuch, hacer a un lado al ganador.
Al partido oficial, por ejemplo, no le gusta el debate de ideas. Bajo el principio de que el proyecto, o sea, la 4T, no está a discusión, las encuestas terminan reducidas a pintas tan estúpidas como “Es fulanito” o “Es perenganita”, sin dar espacio a que la promoción del nombre de una persona sea algo más: una conversación democrática sobre el futuro.
Si Acción Nacional logra convertir el método de encuesta en un proceso, y no en una fotografía sesgada por la propaganda de las horas previas a los levantamientos de las empresas encuestadoras; si de la mano de las encuestas hay una deliberación democrática, entonces habrá grandes posibilidades de construcción democrática.
Estuve en el lanzamiento de este proceso el pasado 21 de marzo, en la Alameda del Sur. Vi a mucha gente entusiasmada por lo que representa este cambio y, en lo personal, me dejó una reflexión fundamental: me gustaría participar, no con la aspiración de ser alcalde, diputado o concejal, sino con la perspectiva de construir colectivamente un México mejor, procurando ser el más competitivo en un debate, así no sea el más popular y no gane la encuesta.