La Secretaría de Gestión Integral de Riesgos y Protección Civil de la Ciudad de México (SGIRPC) indicó que en 2025, ocurrieron 119 explosiones, 90 de ellas sucedieron en casas
De enero a septiembre de 2025, se registraron 56 mil 023 reportes al C5 por incidentes viales; la Secretaría de Seguridad Ciudadana capitalina (SSC) reportó 326 personas fallecidas derivado de este tipo de accidentes
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Durante años, México ha disfrutado de una posición privilegiada gracias al T-MEC, que le garantiza acceso preferencial al mercado estadounidense. Esa ventaja comienza a desdibujarse con los recientes acuerdos comerciales entre Washington, Europa y Japón, que están reconfigurando las reglas del juego. Lo que parecía ser la ventaja competitiva más importante de México puede erosionarse rápidamente.
El nuevo acuerdo con la Unión Europea, que establece un arancel base del 15% para la mayoría de las exportaciones hacia Estados Unidos, marca un parteaguas. Este arancel será aplicado a productos clave como automóviles, semiconductores y productos farmacéuticos. Japón aceptó condiciones similares. En cambio, México y Canadá se enfrentan a la amenaza de aranceles de 30 y 35% para productos que no cumplan con las reglas de origen del T-MEC.
Aquí yace la paradoja: mientras que los socios sin tratado formal con Estados Unidos lograron acuerdos que, si bien costosos, ofrecen previsibilidad, México corre el riesgo de enfrentar aranceles más agresivos si no cede en la negociación. Y las consecuencias ya se anticipan. Según el simulador arancelario del Observatorio de la Complejidad Económica (OEC), con un escenario de aranceles del 15%, Estados Unidos importaría más de países europeos (+22,500 mdd del Reino Unido, +10,200 mdd de Francia, +5,650 mdd de España), mientras que reduciría importaciones desde México en 238,000 millones de dólares.
Quizá las cifras no luzcan creíbles. Pero el cambio de flujos comerciales no es trivial. El sector automotriz mexicano, piedra angular del T-MEC, ya está en la mira. Hoy, los vehículos ensamblados en México que no cumplen con las reglas de origen del tratado enfrentan un arancel del 25%, mientras que autos similares provenientes de Europa o Japón pagarán solo 15%. Una diferencia que se traduce en una penalidad de miles de dólares por vehículo que llegue desde México o que use autopartes mexicanas.
El mensaje de Trump es claro: la era del libre comercio sin condiciones se acabó. Las decisiones de su gobierno, alineadas con la filosofía de “comercio justo”, buscan utilizar los aranceles como palanca de reindustrialización. En esa lógica, incluso los socios preferenciales deben alinearse a objetivos estratégicos de Estados Unidos, como las compras e inversiones comprometidas por la UE y Japón.
México, sin embargo, se encuentra en una posición frágil. El margen de maniobra es reducido: si cede a un esquema de arancel base, pierde la esencia del T-MEC. Si no cede, arriesga represalias arancelarias que pueden golpear severamente su balanza comercial y su crecimiento económico. Kenneth Smith, ex negociador del T-MEC, lo resume con contundencia: “México no debe aceptar algo similar. Debemos exigir la exclusión total de aranceles para las exportaciones que cumplan con el tratado y rechazar cualquier forma de comercio administrado como cuotas en acero y aluminio”.
El gobierno mexicano enfrenta una disyuntiva crítica. No se trata solo de proteger un tratado: se trata de defender un modelo económico que, con todas sus limitaciones, ha sostenido el crecimiento exportador, la inversión extranjera y la estabilidad macroeconómica. Cualquier debilidad en esta negociación -y el tema del narco y la seguridad lo es- será aprovechada por Trump para imponer medidas unilaterales en nombre de la seguridad nacional, como ya lo sugiere su plan.
La ventana de oportunidad para evitar ese desenlace se está cerrando. El T-MEC ya no es garantía suficiente; ahora, México debe redoblar esfuerzos técnicos y políticos para blindar su posición frente a un Trump que usa los aranceles como herramienta geopolítica. Si no lo hace, lo que hoy es una ventaja podría volverse una ilusión.