En un intervalo de aproximadamente doscientos años –contados a partir del desarrollo de la pila de Volta– hemos pasado de ver a la electricidad como una simple atracción de feria sin aplicación alguna, a colocarla como la base del desarrollo de nuestra civilización.
EUROPA
AMÉRICA
Benjamin Franklin falleció el 17 de abril de 1790; no se nombró a ninguna unidad eléctrica en su honor. Sin embargo, fue uno de los fundadores de los Estados Unidos de América, por lo que los billetes de cien dólares llevan su imagen.
CONCLUSIÓN
rechavarrias@upv.edu.mx
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De acuerdo a la mitología griega, Faetón, el hermoso hijo de Apolo –dios del Sol–, le solicitó a su padre que le permitiera conducir su carruaje de fuego. Después de mucha insistencia Apolo aceptó, pero al momento en que Faetón tomó las riendas, perdió el control de los caballos y empezó a elevarse demasiado con lo que la Tierra se enfrió, para después bajar y acercarse a la Tierra con lo cual se quemaron las ciudades, e incluso formó los desiertos en África. Con el fin de detenerlo, Zeus le lanza un rayo, y Faetón cae muerto. Sus hermanas –las Helíades– lo lloraron desconsoladamente, así que Zeus las convirtió en Álamos y a sus lágrimas en ámbar.
Con esta resina de ciertos árboles, el ámbar, inicia el contacto del hombre con la electricidad. Hace más de dos mil años los griegos descubrieron que cuando se frota el ámbar es capaz de atraer hojas y plumas. No se tiene registro de quién lo descubrió –quizás un niño o un marinero mientras descansaban en algún puerto griego–, pero el primero que registra el hecho y lo repite sistemáticamente para anotar sus observaciones es Tales de Mileto.
Tales nació en la ciudad griega de Mileto (en la actual costa occidental de Turquía) alrededor del año 600 a.C., y estudió con los grandes maestros de Egipto y Babilonia (quizás fueron ellos quienes le enseñaron las propiedades del ámbar). Fue un gran filósofo y astrónomo griego, de quien no se conservan ninguno de sus trabajos, pero se tienen referencias de él debido a diversos filósofos de la antigüedad que lo citan.
William Gilbert nació en Colchester, Inglaterra, el 24 de mayo de 1544; realizó investigaciones sobre la electricidad, así como del campo magnético de la Tierra, además de que era el médico personal de la reina Elizabeth I. Los resultados de sus investigaciones están reunidos en su obra “De magnete”. Otra de sus contribuciones, con la cual es recordado hasta el día de hoy, consistió en acuñar el término “eléctrico”, el cual tomó de la palabra en griego para el ámbar: “electrón”.
En esa época Inglaterra buscaba ser la principal potencia marítima del mundo –algo que consiguió–, por lo que cualquier contribución a la navegación y el uso de la brújula era bienvenida. Por lo tanto, Gilbert es invitado a mostrarle sus descubrimientos a la reina, y a los piratas Walter Raleigh y Francis Drake (nombrados caballeros gracias a sus contribuciones al Imperio británico).
Las investigaciones sobre este tema hasta esa época habían sido sobre electricidad estática, es decir, sólo cargas sin movimiento. El siguiente paso lo da un tintorero nativo de Canterbury, Inglaterra (sede de la Iglesia Anglicana y de su majestuosa catedral): Stephen Gray, quien nació en diciembre de 1666. Hijo de una familia dedicada a la tintorería, pero preocupada porque su hijo tuviera acceso a una buena educación.
Además de ganarse la vida como tintorero, Gray destaca en latín y astronomía, y se vuelve amigo del astrónomo real de Greenwich. En 1707 es contratado por el Trinity College para trabajar en su nuevo observatorio. Realiza diversas contribuciones en astronomía, pero en 1715 da un giro a su trabajo científico cuando empieza a investigar sobre la electricidad.
Su gran contribución a la ciencia la da en 1729 cuando prueba que la electricidad no sólo puede ser almacenada, sino que también puede viajar por un material conductor. Mediante el uso de un hilo de metal, logra transmitir electricidad a una distancia de 15 metros, y en junio de ese año, al realizar sus experimentos en la finca de un amigo, logra transmitir el flujo eléctrico a una distancia de 230 metros. Además, realizó investigaciones sobre las propiedades de distintos materiales, y encontró que algunos –los metales, por ejemplo– transmitían muy bien la electricidad (conductores), mientras que otros no lo hacían (aislantes).
Se conservan pocos datos sobre la vida de Gray, pero a partir de éstos, se puede deducir que nunca fue un hombre rico, ya que incluso vivió mucho tiempo en la Cartuja de Londres, la cual funcionaba como escuela para niños pobres, así como hogar de asistencia para caballeros que habían caído en desgracia. Falleció el 7 de febrero de 1736.
El siguiente avance en el estudio de la electricidad se dio en la ciudad de Leyden, Holanda, en 1746, en el laboratorio del profesor Pieter van Musschenbroek; ocurre de forma accidental, y la lleva a cabo un amigo del profesor, el abogado Andreas Cuneas; cuando éste se encuentra de visita en el laboratorio toca involuntariamente un alambre colocado en un frasco con agua, el cual era de vidrio, y estaba electrificado. Al instante recibe una fuerte descarga eléctrica, que lo deja impactado física y emocionalmente.
Al investigar este fenómeno descubren que es posible almacenar energía eléctrica en un dispositivo formado por una jarra de vidrio y cubierta metálica. A este dispositivo lo llamaron la “botella de Leyden” –en honor a su ciudad– y es el antecesor de los modernos condensadores eléctricos (llamados en México “capacitores”).
Benjamin Franklin nació el 17 de enero de 1706 en la Colonia de la Bahía de Massachusetts, perteneciente a las colonias inglesas en América (hoy Boston, Estados Unidos de América). Fue un científico que investigó sobre diversos temas, entre ellos la electricidad, además de ser escritor, político e inventor.
Franklin quería demostrar que la chispa y la descarga que producía la electricidad almacenada en una botella de Leyden en su laboratorio, y la energía que liberaba el rayo, eran el mismo tipo de fenómeno. Por lo tanto, en 1752 –mientras se aproximaba una tormenta– sale junto con su hijo a campo abierto a volar una cometa que controlaba mediante un hilo metálico, al cual en la parte final había puesto seda como aislante, y en cuyo extremo colocó una llave de metal. Después de un momento notó que la llave se electrificaba, e incluso –después se comprobó– se podía cargar eléctricamente una botella de Leyden.
Lo anterior dio origen al desarrollo del pararrayos, el cual consiste en un alambre cuyo extremo se coloca en la parte más alta de los edificios, con el fin de conducir la energía eléctrica de los rayos directamente a tierra, para que no ocasione daños (se dice que Franklin fue acusado de “querer apaciguar la ira de Dios”).
La verdad es que Franklin tuvo mucha suerte de no recibir la descarga de un rayo directamente. Desgraciadamente, en 1753, Georg Richman, un científico sueco radicado en Rusia, intentó reproducir el experimento de Franklin y fue alcanzado por un rayo, por lo que falleció en el acto; se convirtió así en la primera persona de la historia en morir al usar la energía eléctrica.
Lo que hemos comentado son los primeros intentos para entender a la electricidad, los cuales le tomaron a la humanidad más de dos milenios. Sin embargo, en los siguientes dos siglos se ha dado un salto enorme, que nos ha llevado a niveles impresionantes de desarrollo tecnológico.