La dirigencia estatal de un partido –que parece estar despertando– recién declara que la fiscalización de cuentas públicas es un “garrote político”, que no supervisa la rendición de cuentas pero sí es amenaza
.¡Es posible que no le falte razón!, ya que esa institución, por más alharaca que haga no castiga. Hasta hoy, no sabemos de algún pillastre municipal que sea “huésped distinguido de bartolinas”, en castigo por sus fechorías, o haya reintegrado.
Con esos antecedentes, la descreída ciudadanía sigue esperando justicia y calificando de rateros impunes a quienes, con su voto, llegaron al cargo para entrar a “saco” en las arcas municipales o en algún organismo público.
Y por más que se publicita sus fechorías, ninguno “calienta cemento”. Los mira usted, por las calles, como Pedro por su casa, presumiendo de una inexistente honestidad –se sabe de alguno, que hasta casas en Cholula ha comprado, “lejecitos para que no se sepa”–, pero resulta que –“te conozco bacalao, aunque vengas disfrazao”.
Es cierto, la fiscalización estatal solo espanta y lo que burocráticamente cuesta su funcionamiento –lástima de edificio tan bonito– es dinero perdido junto con el que “fiscaliza”, porque de este último, no hay reposición –salvo excepciones– ni castigo.
¡Pero ahí está el órgano fiscalizador!, peor sería que no, resultaría mas grave. Hace poquito, conocimos que 39 municipios tlaxcaltecas, no logran explicar sus inversiones del segundo semestre 2024 y seguramente reprobarán sus cuentas públicas. Entre todos, suman trescientos diez millones de pesos.
Hay municipios como Huamantla que no aclara qué hizo con 37 millones; Chiautempan asciende a 15, once millones son de Gustavo Jiménez y el resto de doña Blanca; Zacatelco reprueba con 27 millones y medio, Tequexquitla con 18 millones 600, San Pablo del Monte con 18 y así, el que más o el que menos.
Xaltocan “va perdiendo la carrera”, ya que solo reprueba con 300 mil pesos –o maneja poco presupuesto o deberas son honestos, o no le han entendido bien “a la movida”. Pero los municipios no son los únicos, también le entran al juego de la pirinola del “todos toman”, las dependencias y organismos autónomos. Estos en conjunto, tienen observaciones por 56 millones de pesos. ¡Veamos”…
El organismo que maneja la salud, cinco millones setecientos mil pesos, la UNI con siete millones doscientos cincuenta mil, el ITIFE seis millones 48, y así en orden descendente. Desde la Comisión Estatal de Saneamiento, hasta la PROCU (de protección del ambiente), todos en mayor o menor cuantía malversan o no comprueban.
Sería sueño guajiro que todo servidor público se comportase con la honesta convicción de quien es consiente que maneja el patrimonio de todos y no fuese necesario el garrote fiscalizador. Pero… “para que haya sobras, debe haber obras” … aunque muchas veces se trabaja más para las sobras que para las obras.
En Chiautempan alguien debe ser encausado penalmente por diseñar y construir un edificio municipal, cuyo subterráneo se inunda con las tormentas. En esta ciudad del comercio, los ex se distinguen porque han patrimoniado sus haberes con descaro: un centro comercial de locales renta cara –familia linda y hermosa; una gasolinera propiedad de quien ahora ya no mira sus ganancias; una fastuosa residencia que hace mucho fue objeto de un atraco a plena luz de día; una fábrica “textiles Don Gus” –ese que nostálgicamente se va a parar por horas frente al nuevo edifico presidencial –pero al que no le preocupa clarificar donde pararon 112 millones que la hacienda pública le reclama.
Pues todo esto lo sabemos porque lo publicita el ente público fiscalizador, ese que exhibe, pero no castiga – ¡yo denuncio, pero la policía no investiga! –Hay otro exedil chiautempense que se embolsó más de 50 millones y sigue sin castigo, aunque hubo un acuerdo reparador insignificante. Esto de los mandatos municipales es una lotería sin boleto en la que apuestan todos los partidos –sin que les importe a los morenistas lo que se predique desde el poder presidencial.
Saben que, cuando terminen, o se esconden o se van de Tlaxcala o “salpican” y el tiempo que todo lo cura, les lavará la cara de vergüenza. Pero ahora, aun no se cumple un año de que están en el cargo los munícipes, y tarde se les hace por enriquecerse; están echando carreras, haber quien roba más y más rápido. Creen que la ciudadanía “se chupa el dedo”.
Pero desde la barrera, vemos cómo mueven sus fichas a los lugares donde circula el dinero: –agua potable, tesorería, multas, comités de feria– ahí están los alfiles de confianza, para que con discreción fluya lo ajeno.
Saben que la exhortación a la honestidad, son “llamadas a misa”. Que los dientes fiscalizadores, asustan, pero no muerden. Ahora, con estas reflexiones, regresemos a lo que se dijo al principio, acerca del sistema fiscalizador. Es cierto, ese asusta, pero no golpea, la dentadura aterroriza, pero no muerde. Más vale poco que nada, y aunque es un espantajo fantasmal, los curtidos en las lides municipales saben cómo pasárselo por el arco del triunfo. Pero sería más grave si no existiera ese aparato burocrático.