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¡El tema de la conciencia es árido!... pero es de la más trascendental importancia para la persona. “Ser consiente” es un humano destino. ¿Pero cuál es el significado de esta intención en la vida?... usar nuestra conciencia de forma plena implica muchas aristas y se integra de diferentes factores. Si somos conscientes a plenitud, alcanzamos la libertad de criterio y de acción, que es un valioso fin en el mundo de prohibiciones que hoy nos cerca y recorta espacios de libertad, como son el derecho, la religión, la ética, la moral, etc.
Ser libres es el fin más trascendente de la vida humana. Alcanzar ese estadio conlleva que nuestro pensamiento se alimente de verdades y de ese “archivo” tomemos las razones de nuestra decisión. Una conciencia fortalecida es condición para ser libre. Para que seamos el “piloto” de nuestra propia “nave”, y no “inertes” pasajeros que viajan a donde otros lo quieran conducir. Esto último nos limitaría a la condición de “objetos”. En cambio, el “sujeto” es quien toma sus propias decisiones. Esta es la circunstancia diaria que confrontamos.
Constantes fuerzas nos circundan e influyen, este es un mundo “propiedad” de quienes desean someternos. Como son las fuerzas informativas, políticas, económicas, normativas y hasta la de las armas. Todas están ahí, en una acechanza permanente. Tomando lo anterior como punto de partida, debe decirse que la época actual se jacta de ser la de “la comunicación instantánea”. Con la información al momento, las distancias se han acortado, el planeta se ha encogido.
Pero también es la época de las mentiras que, a fuerza de “martillazos” informativos constantes, nos aparentan una falsa realidad. Va un ejemplo: en los EEUU el poder político es el de la diaria mentira. Dice un candidato colombiano que a los del norte poco les importa combatir el narco y, sin embargo, con ese espantajo hoy aterrorizan al continente, lo que buscan en el fondo es resarcir sus descalabros económicos.
Frente a las mentiras, ser conscientes es aspirar a la libertad. Ese gigante de América, llamado Pepe Mujica, antes de morir declaró: “Dediqué mi vida a cambiar el mundo, pero logré un carajo”. En México, la mentira es constante: “Soy objeto de una persecución política”… “Los terrenos de la playa no son míos, me persiguen, pero no me van a doblegar”… “El país está cayéndose a pedazos”… “Ya les están quitando a los mexicanos sus propiedades”. Son muestras de un apretado huacal de falsedades que impide acercarnos a la verdad.
Esta, -la certeza- es la única posibilidad para enriquecer la conciencia y disfrutar de una entera libertad. Siqueiros en la cárcel decía: “Estoy prisionero, pero mi conciencia es libre”. Hay constantes acechanzas que empujan en contra y nos quieren “objetos”, pero no “sujetos”. Los intereses económicos, políticos y sociales nos endilgan racimos de mentiras para que consumamos, decidamos, votemos, y así conduzcan nuestra vida. Porque un individuo consciente y libre les estorba. Más aún, si esa conciencia pretende cambiar al mundo.
Imaginemos que, libres y conscientes, nos diera por defender la soberanía alimentaria, la energética u otras. Si fuésemos soberanos en lo económico -si como país no estuviésemos endrogados con el Fondo Monetario Internacional-, con qué resortes nos controlarían. Esas son las modernas cadenas. Eso es lo que quieren nuestros “titiriteros”, para que también les entreguemos el petróleo, el litio, las tierras raras, los minerales, el agua y el oro, etc.
Hace no mucho, México producía el maíz que se comía, pero vino el TLC con Salinas de Gortari y ahora comemos maíz amarillo que los güerejos del norte utilizan para engordar ganado. Se perdió la tradición de nuestros abuelos, que guardaban las mejores mazorcas de la cosecha para la siembra siguiente. Comemos lo que ellos nos obligan. No hay dependencia más horrenda que la cadena clavada en el estómago. Pero qué le hacemos, la educación, por décadas, no ha educado para ser conscientes ni libres. Es increíble, pero en el mundo actual un país sólo alcanza su capacidad de decisión si posee armas nucleares. Como pueblo necesitamos el maíz, el frijol, el trigo, etc.
Pero nos queda claro que sólo una conciencia plena nos da libertad. Ser libre es producto de una conciencia que actúa en consecuencia. Se trata de un problema de orden personal que cada quién debe resolver, y más cuando buscamos que sea mediante el uso de una conciencia en libertad y esta se proponga la transformación de México. Qué peligroso para los poderes que dominan. La herramienta debiera ser una conciencia revolucionaria, pero, como se ha dicho, mediante un cambio en la civilidad. Ese es el problema humano de la conciencia en el individuo. ¡Pero mejor ya no le sigo, porque si no, mi amigo Alex me puede acusar de aspirante a guerrillero!