La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo y la gobernadora Lorena Cuéllar Cisneros inauguraron el primer Polo de Desarrollo Económico para el Bienestar del país, ante empresarios y servidores públicos federales y estatales
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Y es que, ¡se rompieron las compuertas de allá arriba y se desgranaron sus témpanos! Fue un diluvio inesperado. Como si los estanques celestes se hubiesen vaciado de golpe sobre Tlaxcala. Y así fue que la fresca tarde canicular veraniega del pasado martes, se tornó en preocupación y siniestro. Aunque después la tranquilidad de la noche se asentó sobre los cielos. Lo que ahora vivimos es una canícula inusual. Desde siempre se sabe que esta época es de soles ardientes y resequedades que afligen a los campos. Poca lluvia. Ahora, la vida nuestra camina por imprevisibles veredas.
Antes, el calendario de Galván predecía y hasta acertaba y guiaba, pero ahora la brújula ha enloquecido. Sabemos por registros del pasado que, en el tiempo canicular, la estrella “sirio” nace y se pone con el sol y que la constelación del can mayor resguarda a ese astro en su seno.
Estas lluvias torrenciales de ahora nos indican que algo se desquició. En otros años, las pequeñas plantas maiceras se retorcían en la resequedad, pero ahora, hay abundancia y hasta exceso. ¡Es una gran verdad!, la gravedad del universo determina nuestras vidas. Es la gravitación entre planetas. El Sol, aun a millones de kilómetros, mantiene atados a sus astros en su dominio orbital.
La Tierra hace lo propio con la Luna y aunque esta se esfuerza por alejarse, lo hace acaso unos centímetros al año… (dicen los poetas y soñadores que de la Luna la Tierra está enamorada y ese amor es para la eternidad. Que por eso todas las noches le entona canciones románticas y versos de amor, y que aquella pudorosa lo disfruta desde su balcón plateado)… Esa gravedad aplica al universo entero. Inició esta canícula el tres de julio y concluirá el 11 de agosto. Habrá soles intensos, ¡sí!, por la mañana y grises oscuros por la tarde.
Es decir, en la mañana nos “asamos” y en la tarde noche nos “enfriamos”, entre aguaceros y granizadas. Aunque luego escampe y venga el beneficio de una noche fresca, casi helada. Pero el pasado martes, el centro de Tlaxcala fue embestido por unas nubes negras y granizos que vistieron de blanco. En los cultivos que no se anegaron, ya amarillea el dorado de las flores de calabaza. Ya se alzan los dulces tallos de las milpas. Pronto habrá elotes, dulces, tiernos, lechosos, que hervidos y embarrados de sal, limón y queso, son un manjar.
Así es que, aun con amenazas del cielo, este año es de promesas. Aunque nuestras calles parezcan ríos y los caminos barrancas. Las ilusiones campesinas sonríen alegres porque miran el beneficio. Las lluvias para sembrar, para cosechar, para tener qué comer y no estar comprándole a los güerejos del norte, esos deshumanizados, terroristas, amenazantes… ¡Ay, gran señor del cielo! Por qué nos pusiste estos vecinos... Su gobernante no duerme maquinando cómo chantajear a nuestro país.
Así está el mundo entero, amenazado, asustado y cansado. Pero el imperio del norte, ya no es lo que fue. Después de la Segunda Guerra, cuando monopolizó la fuerza atómica, era el terror, pero después, cuando otros alcanzaron ese arsenal, dejaron de ser el “espántame panteón”, el “ay nanita”. En ese entonces, sometieron con guerras; el mundo ha cambiado, México y Tlaxcala también. La actualidad es complicada porque la violencia y la extorsión son cáncer en expansión.
Del pasado político heredamos estructuras plagadas de maldad. El país se esfuerza hoy por reconstruirse. Aunque hay mundiales intereses empeñados en tenernos con su bota en el pescuezo. A como dé lugar quieren el litio, el petróleo, la electricidad, los mercados, las tierras raras y demás. Nos estamos defendiendo como gatos boca arriba. Ellos diseminaron bases militares por todo el orbe y ya no pueden sostenerlas. Su estrategia es amenazar, aterrorizar, para luego “cosechar”.
Son una economía gubernamental en quiebra, endeudada, que aspira a seguir manteniendo el monopolio del dominio mundial, –todo imperio, cuando mira próximo su fin, se vuelve brutal en su proceder. Los signos son claros, en lo interno: inseguridad, drogadicción, desempleo, insalubridad, la abismal distancia entre unos pocos ricos y millones de pobres. Época de escenarios impredecibles, como nuestra canícula que alarma y siniestra. Qué difícil responsabilidad gobernar, cuando la “canalla”, recorre el mundo y los países y solo espera el momento de golpear. Época de extendida pobreza, de hambre y deshumanización. Las desgracias humanas están al día.
En Europa –heredera de tantas guerras, revanchas y odios milenarios–, un pueblo que se dice elegido de Dios, ahora está empeñado a borrar todo rastro de vida humana en la Franja de Gaza. Los capitanes del dinero mundial los subsidian y aquellos, chapotean entre sangre inocente de niños hambrientos y civiles. Hasta pareciera que la humanidad se olvidó de la piedad. Pero esta canícula que vivimos, derrumbó este martes sus tempestades –igual que ayer y antier–. ¡Tanto negro suceso, no habrá de doblegarnos! Persistiremos entre tempestades, amenazas, violencia e intensos calores de esta canícula impredecible.
Aunque es obligatoria la reflexión. ¿Qué está sucediendo? Si los cielos se tiñen de oscuro, las tardes son cataratas acuosas y el granizo azota. Todo pareciera desquiciado. Debemos sobreponernos para que la razón y la vida prevalezcan. Esta es una certeza. Nos hemos sobrepuesto a catástrofes en el pasado y ahora lo haremos. Aunque los agoreros del clima pronostican que tendremos cinco días de tormentas similares. ¡Este es nuestro hábitat, debemos de resolverlo, porque no tenemos de otra!