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/ Foto: AFP
María Corina Machado entregó la medalla del Premio Nobel de la Paz al Presidente de los Estados Unidos de América, Donald Trump, como muestra de agradecimiento por la caída del dictador Nicolás Maduro el pasado 3 de enero, apenas dos semanas después de su captura por fuerzas militares estadounidenses.
La entrega se realizó durante su visita a la Casa Blanca, después de una reunión privada y un almuerzo con el Presidente. Sin detalles del encuentro, Machado declaró a la prensa: “Me impresionó mucho lo claro que tiene el panorama. Conoce la situación de Venezuela, le importa profundamente el sufrimiento del pueblo venezolano. Yo le aseguré que la sociedad venezolana está unida. Más del 90% de los venezolanos queremos lo mismo: vivir con libertad, con dignidad y con justicia. Queremos a nuestros hijos de vuelta en casa. Y para que eso ocurra, tiene que haber democracia y libertad”.
La sensación de libertad comienza a reflejarse en distintas acciones del nuevo escenario político, como la liberación de presos políticos. Desde que el 8 de enero Jorge Rodríguez anunció la excarcelación de un número de detenidos, principalmente extranjeros, políticos y periodistas, organizaciones no gubernamentales han señalado que apenas se ha liberado alrededor del 10% de los casi 900 presos políticos que permanecían recluidos en El Helicoide.
María Corina Machado es una mujer valiente y capaz, que logró colocar a su país en el escenario mundial. Supo comunicar los atropellos democráticos e institucionales, así como las violaciones sistemáticas a los derechos humanos cometidas por el régimen autoritario de Nicolás Maduro y el chavismo.
Si bien el Premio Nobel de la Paz no es transferible, las medallas otorgadas a los galardonados han sido donadas, regaladas, transferidas e incluso subastadas para apoyar causas humanitarias. Un ejemplo de ello es el periodista ruso Dmitri Muratov, Premio Nobel de la Paz 2021, quien subastó su medalla por 100 millones de dólares para apoyar a los refugiados tras la invasión rusa a Ucrania. Por ello, el Centro Nobel de la Paz en Noruega ha sido claro al señalar: “La medalla puede cambiar de dueño, pero el título de laureado con el Premio Nobel de la Paz no”.
Resultan preocupantes las declaraciones del presidente estadounidense para nuestro país, y aún más para la clase política de Morena. Todo indica que se trata de un político que cumple lo que promete o al menos lo que dice. México ha vivido en las últimas dos semanas una serie de presiones ante una posible intervención para frenar a los cárteles del crimen organizado. Si bien la Presidenta ha logrado “capotear” con habilidad la relación con el vecino del norte, cada día su margen de maniobra parece más reducido.
¿Se trata del inicio del proceso de revisión del T-MEC, previsto para julio de 2026? ¿Del control territorial que ejercen los cárteles en amplias regiones del país? ¿De las drogas que cruzan nuestro territorio? ¿O de una combinación de economía, migración y seguridad?
Aún falta mucho para la liberación plena de Venezuela, y seremos testigos de ese proceso. Lo que sí es innegable es que, gracias a la valentía y el liderazgo de María Corina, hoy se ha logrado visibilizar una dictadura más, entre las muchas que persisten en América Latina.