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Análisislunes, 9 de marzo de 2026

México se apaga solo

Este punto es crucial para entender el desafío mexicano.

La plataforma de integración creada por el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá podría evolucionar hacia una red tecnológica regional donde investigación, diseño, manufactura avanzada y servicios digitales se distribuyan a lo largo del continente.

Pero esa oportunidad enfrenta un obstáculo que en México rara vez se discute con suficiente franqueza: la política energética.

El resultado es una paradoja peligrosa: el país forma parte de uno de los bloques económicos más dinámicos del mundo, pero limita la expansión de la infraestructura energética necesaria para participar plenamente en la nueva economía tecnológica.

La discusión sobre inteligencia artificial suele concentrarse en algoritmos, robots o plataformas digitales. Pero en realidad el factor decisivo puede ser mucho más básico: la electricidad.

Si México no logra ampliar rápidamente su capacidad energética y crear condiciones de inversión competitivas, la economía de la inteligencia podría consolidarse a su alrededor sin integrarlo plenamente.

Para México, el dilema no es tecnológico sino político: decidir si quiere formar parte activa de esa economía o mantenerse atrapado en los límites de una visión energética que pertenece más al siglo XX que al XXI.

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