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Análisismartes, 31 de marzo de 2026

Gobernar el síntoma

Aquí no hay espacio para ambigüedades. Relajar la política monetaria cuando la inflación repunta no es un acto de sofisticación contracíclica; es, en el mejor de los casos, optimismo mal calibrado. En el peor, una renuncia anticipada a la disciplina.

No es una política de estabilización. Es contención de daños con cargo al futuro.

México se está quedando sin espacio para corregir sin costo. Cada decisión empieza a excluir alternativas. Cada ajuste llega tarde. Cada medida es más reactiva que preventiva. Y en ese terreno, la economía deja de gestionarse y empieza a resistirse.

En ese punto, las opciones son más duras: tasas más altas por más tiempo, menor crecimiento, mayor presión social. No hay atajos. Y lo que hoy se intenta evitar —el costo político de decisiones impopulares— terminará amplificado en el mediano plazo.

No es un escenario inevitable. Pero sí es, cada vez más, el escenario que se está eligiendo.

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