Política tenebrosa
La palabra latina “tenebrae” se refiere a la oscuridad. Lo tenebroso es lo que pertenece a lo oculto. La política es, sobre todo, el arte de ocultar, un campo de sombras donde la información se reserva a conveniencia de quienes ostentan el poder.
No ser transparente es ser tenebroso, que es lo mismo que no sacar a la luz, procurar el ocultamiento que sirve a los fines e intereses de los poderosos. La política es una actividad tenebrosa que cubre la verdad con el velo de la apariencia.
Política es el arte de aparentar, para lo cual es indispensable una condición para el engaño y la mentira: la penumbra, la nebulosa de los discursos, el distractor para la ejecución del truco, tal como hace el prestidigitador habilidoso que al final se sale con la suya.
Una canción de Luis Eduardo Aute, en la cual el cantante dice: “Y qué le voy a hacer, si me falla alguna pieza, por creer que la belleza no se rinde ante el poder”. ¿Y si cambiamos la palabra “belleza” por esta otra: “verdad”?
Cuando afirmamos que una verdad sale a la luz estamos refiriendo un corrimiento de velo. Las mentiras en la política son práctica común, simplemente porque frecuentemente los hechos contravienen los intereses y la conveniencia del poder.
Improbablemente quien ostente el poder vendrá a reconocer públicamente sus fracasos y equivocaciones que causan daño a los gobernados. Esto es simplemente impensable. Por el contrario, crecerá la propaganda, la difusión de una realidad ficticia, alterna.
Es frecuente (mucho más de lo imaginable) que la verdad yazca en los sótanos, bajo el manto de la penumbra, siempre como una amenaza para las estrategias y fines políticos, siempre bajo aguas que se agitan para que no alcancemos a verla.
















