elheraldodejuarez
Análisisviernes, 7 de julio de 2023

La humildad un valor cada vez más escaso

Sabemos que el ser humano en muchas ocasiones es marginado o excluido, y siente negado su valor frente al caos del mundo globalizado.

De tal forma que los valores básicos cómo el respeto, la generosidad, la humildad, el compromiso, la solidaridad y otros más, se están convirtiendo en modelos arcaicos y olvidados de otra época.

En el caso de la humildad, es un valor que nos permite conocer y aceptar las debilidades y cualidades que poseemos como individuos; pero también de admitir una equivocación y compartir los conocimientos aprendidos a través del agradecimiento.

Este valor se caracteriza por reconocer el esfuerzo, de compartir las alegrías o derrotas, además de admitir limitaciones y errores.

La humildad es una cualidad opuesta a la soberbia y a la arrogancia; que cada vez son más comunes, sobre todo en estos tiempos de idealismo, donde prevalece el egoísmo.

Referido a quienes utilizan las redes sociales, que solo muestran lo que quieren dar a conocer a través de fotografías y vídeos seleccionados y al mismo tiempo manipulados con sentencias o premisas, que infunden el rumor y el chisme, tan comunes en la sociedad.

Las redes sociales, han sido utilizadas deliberadamente para premiar el orgullo, más que la humildad; donde prevalece la descortesía más que la reflexión.

Si queremos analizar el valor de la humildad, hemos de referir que este valor tiene raíces infinitamente más profundas.

Y la mejor manera de demostrarlo, sería analizar a quienes con toda franqueza desdeñan este valor que se orienta a la expresión y la perfección.

Interesante saber, que este proceso muestra los dotes culturales, intelectuales o morales de una persona que se aísla poco a poco de todo aquello que considera “non grato”

Aislarse implica algo muy simple, que todo aquello de lo que nos aislamos, también se aísla de nosotros.

Cuando cerramos la puerta por el viento, sería igual de cierto, decir que el viento es el que nos cierra la puerta a nosotros mismos.

Nietzsche, refería que la autosatisfacción conduce a mirar por encima del hombro a los débiles, los cobardes y los ignorantes.

Mirar, así las cosas, desde “arriba”, podría tener consecuencias, es semejante a ver en aquella montaña una felicidad momentánea, que por supuesto puede desmoronarse cuando se camina sobre ella.

El filósofo del ego lo ve todo, sin duda, desde un cielo impoluto y excelso; solo que lo ve deformado.

De tal forma que la humildad, es el lujoso arte de reducirnos a un punto, para ver todo en el cosmos como es en realidad; vasto e infinito.

Y darse cuenta, que los árboles sean altos y la hierba corta, es una simple apreciación de nuestra condición evolutiva y capacidad de razonamiento.

O un bosque milagroso, donde todos los árboles florecen por encima con los tonos del amanecer; ahí un mar lleno de monstruos, que ni Dante se hubiera atrevido a soñar.

Esto es lo que ve, el niño del cuento de hadas, que no tiene miedo de volverse pequeño.

En cambio, el sabio que deposita toda su fe en la magnitud y la ambición, no deja como un gigante volverse cada vez más y más grande, lo que significa que las estrellas, se vuelven más y más pequeñas.

Mundo tras mundo, van tornándose insignificantes para él; así se pierde toda la intricada y apasionada vida de las cosas comunes, nos sucede lo mismo a nosotros que nos perdemos la vida de los infusorios, si no tenemos microscopio.

Pero la visión imponente de las cosas como realmente son las margaritas gigantescas, los dientes de león que eclipsan el cielo, las grandes odiseas de océanos de extraños colores y árboles de extrañas formas de polvo, como ruinas de templos o como polvos de estrellas.

Sin temor a equivocarme, toda esa visión colosal podría extinguirse, con el último suspiro de los que verdaderamente predican con humildad.

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