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El campo ha sido un sector sumamente castigado en toda la historia del país, es por ello que ante los múltiples paros y manifestaciones que han implementado en varios puntos del país la gran mayoría de la gente no muestra más que empatía a peticiones que parecen justas ante la profunda desigualdad que vive el campo mexicano y que, cuando se han generado avances, ha sido para los grandes terratenientes y no para aquellos que ven en la siembra y cultivo de diversas especies de frutas, legumbres, verduras y demás hortalizas, como su única forma de vida privilegiando las técnicas ancestrales y la gran calidad de productos que son conocidos a nivel mundial.
Más allá de cuestiones de seguridad que se han vivido con algunas personas dedicadas a la agricultura y la ganadería, las peticiones de campesinos de 20 entidades de la República se centran en la justicia económica para sus productos, ya que en ello se les va la vida y la estabilidad financiera precarizando sus condiciones y las de su familia.
Al día de hoy se han desplegado paros en Michoacán, Jalisco, Querétaro, Guanajuato, Guerrero y otros estados más, lo que ha generado caos en carreteras y caminos que comunican ciudades importantes y han propiciado que muchas personas no puedan llegar a sus trabajos en tiempo y forma, lo que ya se ha entendido como un colapso de mayor magnitud si no se resuelve rápido.
La petición es simple: aumentar los precios de garantía del maíz y del sorgo, ya que a juicio de los productores de tan importantes alimentos, han sido estrangulados por los intermediarios que obtienen mayores ganancias cuando compran para transformar el producto, argumentando que no pueden pagar porque el precio de algunos alimentos básicos derivados del maíz se dispararía generando un problema mayor.
A pesar de que la Secretaría de Gobernación instauró mesas de diálogo, el precio pretendido por los campesinos como garantía en la venta del maíz, no se logró alcanzar porque, aún cuando pudiera haber una disposición de parte del gobierno para que ello suceda, las condiciones económicas que involucran a industriales en el sector de la transformación impidieron el acuerdo al no suscribirlo.
Lamentablemente el mercado suele ser descarnado con nuestro personal que hace del campo mexicano uno de los más fuertes del mundo, ya que los precios fijados con base en la oferta y demanda no han llegado al punto de que intervenga el Estado para fijar precios mínimos porque eso sería muy criticable desde el punto de vista de la competencia justa en materia económica, sin embargo, por el otro lado, las condiciones de pobreza y abandono del banco, hacen repensar alternativas para que se lleven un precio más justo por sus productos.
El proceso de industrialización y la centralización en el sector de los servicios desde hace varias décadas, ha debilitado aún más al campo relegándolo, incluso, de los beneficios que pudiera aportar el Tratado comercial con Estados Unidos de América y Canadá, ya que en las exportaciones e industrialización de los productos, no participan los verdaderos productores del campo, lo cual ha profundizado la desigualdad hasta este punto que tienen que poner en jaque las vías de comunicación del país entero.
Es momento de una profunda reflexión que sirva para fortalecer a quienes menos tienen a pesar de las jornadas extenuantes y las pocas ganancias que obtienen. Hacerlo desde el lado de desarrollo a corto, mediano y largo plazo no sólo va a fortalecer al sector sino a la soberanía del pueblo mismo.