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Análisislunes, 17 de noviembre de 2025

Cuando los datos se hacen pueblo

Cada época tiene su mito fundacional. El nuestro no nació de una batalla ni de un manifiesto: nació de un clic. Ese gesto mínimo, aparentemente inofensivo, inauguró una nueva era del poder y de la intimidad.

Humanizar la tecnología significa recordar que la ética no se programa: se educa, se cultiva, se transmite. Y ese cultivo comienza en la educación y la cultura, no en la ingeniería.

Regular, para que las plataformas y las IA sean transparentes, auditables y sujetas a leyes éticas, no solo comerciales.

Medir, aplicando herramientas como ROAM-X, que transforman la intuición en política pública.

Educar, formando generaciones capaces de pensar, crear y disentir en entornos digitales.

Compartir, abriendo la ciencia, los datos y la cultura como bienes comunes de la humanidad.

No es una agenda utópica. Es una política de supervivencia.

Solo entonces, los datos dejarán de ser mercancía y se harán pueblo: un cuerpo vivo de memoria, justicia y cultura. Solo entonces podremos decir que el siglo XXI, con toda su maquinaria brillante, recobró su sentido humano.

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