Irán: una guerra costosa
Sin embargo, lo que está ocurriendo en 2026 deja claro que las guerras modernas ya no se deciden únicamente con armas, sino con dinero, mercados y estabilidad económica.
Irán, consciente de esta dinámica, centró su estrategia en elevar el costo del conflicto. No necesita imponerse militarmente si logra que la guerra resulte demasiado cara para su adversario.
En este contexto, dañar una instalación clave puede ser más estratégico que ganar una batalla, y obstaculizar rutas comerciales puede generar más impacto que ocupar una ciudad.
Este cambio redefine lo que significa “ganar” una guerra. La superioridad militar deja de ser el único factor determinante; ahora importa más la capacidad de resistir el golpe económico.
Así, el conflicto se transforma en una prueba de resistencia, más que en una confrontación directa.
En las guerras actuales, no siempre pierde quien es derrotado en combate, pierde quien ya no puede sostener el costo de seguir luchando.
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