Estoy en búsqueda de trabajo; es difícil elegir porque las opciones no son muchas y aunque las razones para compararlas y decidir, no son lo mismo para mí que para otras personas; hay datos que no puedo preguntar, al menos no abiertamente: “qué tan seguro es este lugar para la comunidad LGBTTTIQ? Respetan los pronombres de las personas y utilizan de forma correcta el lenguaje incluyente? Son verdaderamente incluyentes o solo engrosan la lista de los lugares que año con año desfilan, únicamente, por ser parte del rainbow-washing?” La lista de mis dudas en lo que se relaciona a mi seguridad y aceptación se extiende al infinito. La peor parte es que, no obstante tuviera algunas de esas respuestas o hubiera datos que me hicieran presumir la postura del empleador, nunca hay la certeza de que efectivamente sea un espacio bueno para mí.
Encontré un lugar seguro, me siento en plenitud, me respetan, mis compañeros y compañeras de trabajo conocen a mi pareja, conocen mi historia (al menos en términos generales) y nos contemplan en par para los eventos corporativos que involucran participación de los familiares.
Soy una persona afortunada, a diario se conocen historias de terror en contra de integrantes de nuestra comunidad. Quizás no todo sigue siendo tan bueno como al principio, mi trabajo me hace feliz pero he descubierto algunas fallas, a veces siento que podría estar en otro lugar, que mis ingresos y prestaciones podrían ser mejores, pero… qué caso tiene buscar? Esos otros lugares serían seguros? La mejoría de condiciones laborales vale la pena lo suficiente como para arriesgar mi seguridad? No, no lo creo, soy una persona muy afortunada y debo valorarlo.
Me han buscado y propuesto nuevas aventuras laborales. Algunas de las opciones sonaban genuinamente atractivas, otras, prometedoras, algunas más eran bastante malas pero, opciones al fin. Claro que consideré moverme pero… estoy en un lugar seguro y, redundantemente, lo más seguro que puedo hacer por mí es no cambiar, no dejar este espacio que, aunque ya no me genera felicidad, no me genera rechazo, recordemos que soy una persona muy afortunada por tener un lugar seguro.
Esa persona que ha comprado un carro nuevo, aquella que ha mejorado radicalmente su calidad de vida, la que irradia felicidad cuando platica sobre su empleo, cualquiera podría ser yo… quisiera ser yo. Hace mucho dejé de sentirme en plenitud, dejé de crecer profesionalmente y llegar diariamente a mi oficina únicamente me hacía sentir como autómata.
Mi lugar seguro es una caja de cristal, una caja que me protege de la discriminación, de la violencia de género, de lo difícil que es ser parte de la comunidad LGBTTTIQ en México… pero mi lugar seguro es una caja que, aunque de cristal, también me atrapa, me detiene y no permite que crezca, que extienda mis alas y acepte nuevos rumbos y retos.
Mi lugar seguro es tan seguro, que se ha convertido en mi prisión.